La juventud no desaparece; queda escondida en ciertos lugares
Re-(encontré) unas fotografías en 35 mm. Color. Negativos de otra época. Aparecen dos grupos a los que di clase. Me sorprendió una cosa. No recordé inmediatamente las sesiones, ni los ejercicios, ni los proyectos. Recordé una forma de estar juntos.
Eran grupos que todavía parecían conectados entre sí. Conectados con la ciudad. Con las noticias. Con la gente. Con las preguntas. Había desacuerdos, claro, pero también existía la sensación de que el mundo era algo que nos incumbía.
No sé si eso era verdad o si la memoria también revela las fotografías que inventa. A veces pienso en ellos. Me pregunto qué estarán haciendo, qué ideas conservaron y cuáles abandonaron. Me pregunto si todavía miran alrededor con la misma curiosidad con la que discutían una película, un dibujo o una noticia.
Quizá enseñar nunca fue transmitir respuestas. Quizá era simplemente compartir una habitación durante un rato, intentando convencernos de que el mundo valía la pena ser observado con atención.
Encontrar estas fotos es como abrir una ventana que llevaba años cerrada. No me devolvieron a aquellos estudiantes. Me devolvieron a mis profesores que suelo recordar cuando hay una intrínseca necesidad de crear.
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