La ciudad que imaginamos, la comunidad que queremos
Cada ciudad guarda pequeños refugios. Lugares para encontrarse, perderse, descansar o simplemente existir. Estos escenarios son el primer paso para un mundo construido desde la convivencia y el respeto. Pero antes que cualquier ciudad, en este mes, pienso en mis alumnxs. En quienes llegaron con miedo a ser juzgados. En quienes todavía están descubriendo quiénes son. En quienes encontraron amistades que los hicieron sentir acompañados. No hablo desde su experiencia. Pero sí desde la certeza de que toda persona merece un espacio donde pueda aprender, crecer y existir sin miedo. Porque una comunidad no se mide por las diferencias que tolera. Se mide por las personxs que hace sentir bienvenidxs. Siempre he pensado que una ciudad debe parecerse a quienes la recorren. Si cambia la gente, cambia la luz de las calles. Estos lugares deben de nacer con una sola intención: que cualquiera pueda sentirse parte de ellos.