Sobre la melancólica y la nostalgia; una madrugada de junio
Preguntó, que recuerdo así fue, parecido, casi lo mismo, algo así: ¿Cómo le hacen para lidiar con la melancolía? Charlamos; apuntamos; jugamos a que no nos duele. Pero me quedé pensando... En el trayecto a casa no dejé de ver las nubes. La melancolía no llega a mi vida por una muerte ni por una despedida. Aunque sí lo hace; la muerte; la pérdida; los adioses; llega por las cosas que no ocurren. Hay una diferencia. Las pérdidas tienen tumba. Las posibilidades tienen pasillos. La melancolía nunca acaba. O eso espero. Pienso en la ciudad donde no me quedo. Pero aquí sigo. En los amigos que pudieron ser íntimos y terminan convertidos en nombres que aparecen cada seis meses en alguna red social. Pero siempre sonrío al leerlos. Pienso en la persona que soy a los dieciocho años; a los doce; a los ocho; los veintes; a los sesenta; ochenta; nunca a mi edad; sentado frente a una pantalla iridiscente a las tres de la mañana; esperando; deseando; imaginando posibles adversos y fantásticos; co...