DREDGE; Lo que el mar no devuelve
Hay juegos que terminan cuando apagas la pantalla. Y hay otros… que siguen flotando contigo, como algo que no se hunde del todo. DREDGE no grita. No te empuja. No te exige. Solo te deja pescar. Pero en ese acto repetido, casi mecánico, empieza a colarse algo más. Algo que no estaba ahí al inicio… o que siempre estuvo esperando. La rutina como ancla En DREDGE, pescar se convierte en un ritual. Sales al mar.Recolectas.Regresas.Vendes.Repites. Pero no se siente vacío. Se siente… sospechoso. Como si la rutina no fuera una actividad, sino una forma de no mirar directamente hacia algo más profundo. El juego construye una calma artificial. Una que funciona como refugio… y también como distracción. Porque mientras haces lo mismo una y otra vez, el mar cambia. Y tú también. Lo que se esconde bajo la superficie No es un juego de terror en el sentido tradicional. No hay sobresaltos constantes. Pero hay una incomodidad persistente. Algo en lo...