Estática frecuente en los restos del día
La máquina no quiso prender más, se detuvo así, con un ícono titilante de una carpeta, su interior estaba aparentemente vacío por lo que no encontró algo a qué aferrarse. Cualquiera diría que siempre se puede transplantar un nuevo cerebro a la máquina, un nuevo corazón, pero nadie se detiene a pensar lo que implica. El apagón pudo contra la caja anti cortes eléctricos, hizo lo mejor que pudo, no lo suficiente, porque con ese estallido masivos se apagó un ecosistema entero que existía entre ceros y unos. No es sólo el silicio que se rinde o el disco que deja de girar; es el colapso de una arquitectura de tiempo, de horas robadas a cambio de un salario mínimo, de texturas sonoras que fueron esculpidas con la paciencia resultado del ejercicio personal de escuchar toda a música posible, de ver todas las películas posibles, los libros, las novelas, los videojuegos, las charlas aleatorias que culminan con la salida del sol al día siguiente. No es perder archivos, es ver cómo se desinteg...