MAL, DE EDÉN CORONADO EN EL RINOCERONTE ENAMORADO

¿Cuáles podrían ser las intenciones al encerrar a una persona?  Podríamos pensar lo peor, lo más oscuro de los deseos humanos  o hasta lo más superfluo que ni si quiera otorga un destello de satisfacción,  tal vez en un extremo, un gozo lleno de alegría sin pretensiones ni lamentos. Pero, ¿qué ocurre cuando es voluntario el encierro? Al tener la decisión de frente, una encrucijada entre el estar fuera, dentro, o en algún otro lugar.  Un acto voluntario de ir a presencial el Mal, ser una víctima, un culpable, un morboso que está sobre la barda atento al horizonte que se le presenta a unos cuantos pasos.

Edén Coronado nos invita a ser parte de dicho acontecimiento, sin pretensiones, sin juicios,  sólo un acto de reflexión que provee la puesta en  escena que tienen cita en El Rinoceronte Enamorado,  en un lejano pero familiar lugar, Amstetten una ciudad austriaca a 130 kilómetros de Viena. A 14,157.48 kilómetros de aquí. En ese punto del mundo, Josef Fritzl, técnico electricista de 73 años de edad, construyó un sótano en el que mantuvo prisionera durante 24 años a su propia hija, Elizabeth. Recluida en la mazmorra, Elizabeth dio a luz a siete hijos de su padre. Nadie puede imaginarse la vida diaria en ese sótano: tres dormitorios, las luces fluorescentes, un viejo televisor, el baño y los víveres que el padre traía cada semana. Pero Josef Fritzl había descubierto que no hay mejor escondite que la vida cotidiana: ninguno de los vecinos podía imaginárselo, precisamente porque Fritzl nunca se escondió. Ésta obra es nuestra versión de tal acontecimiento. Es una ficción a partir de estos hechos. Pero es tan sólo un ejercicio de imaginación. Apenas una reflexión sobre el Mal.

Fui por decisión propia y entusiasta a ver el Mal. Subí por unas escaleras de aluminio que rechinaban temblorosas en cada escalón justo para llegar a una plataforma crujiente que me suspendía sobre del escenario.  Debajo de mí, más espectadores, junto a mí, otros más, frente a mí por todo el lugar. Estábamos presenciando la mazmorra en la que Josef encerró a su hija Elizabeth.  Comenzó la posibilidad que tuvo lugar en Amstetten.  Se presentaron los hechos, las posibilidades, las recreaciones los personajes. El Mal, estaba representado en cada uno de nosotros y veíamos alegres los acontecimientos, buenos o malos,  sólo eran acciones que nosotros dotamos de una categoría, terribles, atroces, sublimes, bellas,  nostálgicas, con un dejo de bondad. En todas las situaciones nos engaña un demonio que habla con total sinceridad. La maldad, el acto más bello, el más puro, lo único que no se puede corromper. Sin embargo, no necesariamente se trata de algo fatal, o de un acto violento, una decisión de muerte, o de las  indecisiones ante la vida, es algo que está en nosotros y es  nuestra misma libertad la que nos otorga el privilegio de la oportunidad de la elección.  ¿Somos buenos? ¿Somos malos?  La bondad, por el contrario es corruptible y fácil de engañar. A su contrario no se le puede reducir o aumentar, son  el libre albedrio y la consumación de los actos quienes nos definen,  a nosotros como personas como a los actos mismos de los que somos testigos.

¿Es malo el amor? ¿Es una barbarie la protección? ¿Es terrible seguir los deseos? ¿Es la vida la más terrible de las torturas? Estas y más causas, causales y causantes florecen en la obra, están latentes en cada rincón del sótano en el que nos encontramos.   Edén Coronado intenta mantener a salvo de estas cuestiones al espectador, lo sitúa en las alturas, detrás de una malla, un barandal, sin embargo un acto sobre exalta en todos nosotros, queremos ver, queremos ser testigos, queremos escuchar lo que ocurre en la mazmorra, en los sueños de Elizabath, en los pensamientos internos de Josef  y un risueño demonio que  tambalea por toda la habitación con una calma contagia y seduce al apenas hablar. Sin darnos cuenta nosotros hemos sido enredados en el Mal, nos brota una morbosidad increíble,  la sonrisa no cabe en nuestros rostros mientras Elizabeth sostiene forme una pistola frente a su padre, mientras toca el piano junto con el demoniaco ser, mientras somos testigos del tranquilo sueño de Josef. Nos veíamos los unos a los otros como culpables por no detener el horror,  no decíamos  nada entre nosotros porque éramos igual de culpables, todos los encontrados en el sótano.  Al final, en la sombra, en donde crece el Mal,  guardamos silencio a la espera que nada hubiera invadido nuestro ser, y en efecto,  nadie en una realidad presente,  había muerto, sufrió un accidente, ni si quiera prevalecía un acto de morbosidad y malicia en cada uno de los espectadores. Al contrario, hasta aplaudimos la hazaña y las emociones que nos brotaron sin siquiera forzarlas a manifestarse. Tanto fue el hecho que a la vuelta de las puertas de la gran caja teatral nos esperó  un pequeño refrigerio para celebrar este asombroso acontecimiento, habíamos sobrevivido, aunque sea por un instante, a el Mal, pero sabíamos que ya estaba en nosotros, que vive de nosotros y puede llegar en cualquier situación.

“MAL” es la nueva creación del Rino (montaje número 32 en la trayectoria de la compañía) que se estrena este jueves 04 de octubre y estará en temporada hasta el 04 de noviembre. La obra, escrita por Edén Coronado, es la primera parte de una probable trilogía sobre la Maldad que busca reflexionar en torno al tema de esa parte oscura de la condición humana que hace vascular a los hombres hacia la degradación de si mismos o de los que están a su alrededor.

Con las actuaciones de Karina Díaz, Mauricio Jiménez* y Jesús Coronado*, la pieza retoma los hechos acontecidos en la lejana Amstetten, ciudad austriaca donde un hombre secuestró a su propia hija en el sótano de su casa durante 24 años en un incesto permanente, conmocionando a todo el mundo. Pero esta anécdota se toma no para recrearla en sí, más bien para abordar escénicamente una pregunta fundamental: ¿en donde habita el mal, está en nuestra naturaleza y en el interior del corazón, o fuera del ser humano?

El montaje cuenta con los diseños de Gabriel Pascal* en la escenografía e iluminación; la banda sonora de Darío Parga; el vestuario de Angustias Lucio; el diseño gráfico de Ricardo Anaya y la producción ejecutiva de Gerardo Pardo. Esta puesta en escena de Edén Coronado busca encontrar en el espectador un momento de intimidad y atisbar a la parte oscura de los hombres que han decidido abandonarse al abismo, corroborando con sus acciones aquella frase de Nietzsche que reza: “El hombre, el más valeroso de los animales y el más habituado al sufrimiento, no repudia el sufrimiento en sí; lo quiere y hasta lo busca a condición de poder encontrarle un sentido, un objeto.”

MAL
Con: Karina Diáz, Mauricio Jiménez y Jesús Coronado
Obra escrita y puesta en escena por Edén Coronado
Del 4 de octubre al 4 de noviembre

Funciones: viernes a las 8, sábados y domingos a las 7 pm.
Entrada general: $70.00 Amigos del Teatro, estudiantes e INAPAM: $35.00 Vecinos del Teatro: $25.00

TEATRO EL RINOCERONTE ENAMORADO

Carlos Tovar 315, Zona Centro
*Miembros del Sistema Nacional de Creadores Artísticos del FONCA

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