Recuerdo; Mi ciudad
Hay una ciudad que recorro una y otra vez. Trato de ir por otras calles. Tomo rutas distintas, como si pudiera engañar al mapa o a mi propia memoria. Pero siempre termino en el mismo lugar.
Hay esquinas que juran no haberme visto nunca y, sin embargo, conocen el peso de mis pasos. Hay ventanas donde ya no vive nadie, aunque cada noche una luz insiste en permanecer encendida. Quizá no espera a alguien. Quizá sólo se niega a olvidar. Recuerdo fue el último videoclub que vi en ni ciudad.
He llegado a pensar que la ciudad no existe. Que es un mecanismo construido con aquello que dejé atrás. Cada calle lleva el nombre de una decisión. Cada puente cruza un arrepentimiento. Cada plaza conserva el eco de una conversación que nunca terminó.
Camino porque detenerme sería aceptar que el destino no estaba al final del recorrido, sino bajo mis propios pies desde el principio.
Y aun así regreso.
No porque espere encontrar algo distinto, sino porque hay lugares que dejan de pertenecer al mundo y comienzan a pertenecernos. Lugares que ya no son una ciudad, sino una forma de recordar quiénes fuimos antes de aprender a perdernos.Si quieres, también puedo llevar este texto aún más hacia un tono de laberinto, espejos y tiempo, evocando más claramente el universo borgiano sin copiar su estilo.
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