Cuando llegué lo más al norte sin pasaporte
Llegué lo más al norte sin pasaporte. (Mexicali, Baja California, México; 2011) No era una hazaña ni un accidente. En ese entonces todavía creía que las fronteras eran líneas. Después descubrí que eran temperaturas. Recuerdo el color antes que los nombres. Un amarillo cansado. Un cielo verde que seguramente nunca fue verde, pero así lo guarda la película. Las palmeras aparecían como si alguien hubiera olvidado un pedazo del trópico en medio del desierto. No fotografié la ciudad. Fotografié la distancia entre una cosa y otra. Un automóvil detenido. Un poste. Un puente. La frontera interminable. La sombra de un aeropuerto casi vacío. Todo parecía esperar algo que nunca ocurrió. Hay viajes que uno hace para conocer un lugar. Otros para descubrir qué tan lejos puede sentirse de sí mismo. Yo fui al norte creyendo que iba a encontrar otro país. Encontré otra manera de mirar. Nadie recuerda el trayecto con exactitud. La memoria revela la película: primero aparecen las luces, luego los contornos, al final los errores. Y uno comprende que los errores eran la fotografía. A veces vuelvo a esas imágenes. No porque quiera regresar, sino porque ahí quedó una versión mía que todavía caminaba sin preguntar demasiado. Alguien que pensaba que el horizonte era un sitio al que podía llegarse.
Comentarios