Convertirme en maestro no fue casualidad

Convertirme en maestro no fue casualidad. Fue por mi padre. Y quizá durante años creí que yo estaba buscando mi propio camino, pero ahora entiendo que muchas de las cosas que habitan en mí vienen de verlo enseñar, hablar, explicar, emocionarse con el conocimiento y conectar con otras personas.

Uno termina pareciéndose, poco a poco, a quienes más lo marcaron. Tal vez yo soy una versión exagerada, expandida y caótica de todo eso: más preguntón, más intenso, más raro… pero en el fondo nacido del mismo amor por decirle a alguien que busque verdades por todo el mundo. A veces no solo se hereda una profesión. Se hereda una forma de mirar la vida.


Qué dirían mis viejos maestros si supieran que ahora soy maestro

A veces me pregunto qué dirían mis viejos maestros si supieran que ahora yo también doy clases. Quizá algunos se reirían tantito al recordar al morro distraído, raro, preguntón o demasiado soñador que fui. Tal vez dirían: “pero si ni habla bla tanto.” “con razón siempre quería entender el porqué de todo.” “con razón parecía vivir en otro mundo.” Y creo que una de las cosas más extrañas de crecer es descubrir que terminas convirtiéndote, poquito a poquito, en las personas que te salvaron sin darte cuenta. Porque uno no recuerda todas las tareas, las fechas o los apuntes. 

Con los años entendí que ser maestro no significa tener todas las respuestas. Muchas veces significa entrar cansado a un salón y aun así intentar acompañar a alguien. Intentar explicar el mundo aunque uno mismo todavía esté intentando entenderlo. Hoy comprendo el miedo de no estar haciéndolo bien. La duda. El agotamiento. Y también ese milagro pequeñito que ocurre cuando alguien aprende algo y se le iluminan los ojos. Qué raro y bonito sería que alguno de ellos pudiera verme ahora. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

The First Berserker Kazhan; La promesa rota ⚔️🔥

La Película que Entendió Todo... y que Pudo ser Más

Boletín Cultural; 87 Años de Radio Universidad