Apr 27, 2006

CONFESION



No sé que decir, los dos aferrados a un sueño onírico, un sueño perfecto, a sentimientos falsos que expresábamos; más lo que pasó entre nosotros, nadie más lo podrá vivir, tan sólo en sueños lo podrá imaginar.

No hay de que agradecer, te conocí sin miedo, sin mascaras que cubrieran mi rostro y aprisionaran mi corazón. Yo debería agradecer; espero que alivies tu dolor para que seas esa niña tierna y dulce que vi en tus ojos, esa mirada que quema y alimenta por dentro.

Siempre que me busques ahí estaré con una sonrisa; más me quedara la duda del que abra sido de las cosas, te hubiera conocido en otro lugar, en otro tiempo; la incógnita del haber compartido parte de esta vida con tigo.

Me despido…, perdona mi terquedad y si te hice sentir mal en algún momento, cuídate mucho y pórtate bien.


Me despido con un beso tierno en tu mejilla. Adiós…

OLVIDAR


A quien le a de importar, a quien le e de importar; pero seria un esfuerzo en vano el haber escrito esto con mi propia sangre, antes de desmayar en un sueño profundo…….

El tiempo a quedado marcado para siempre; las estrellas pintaron con lágrimas la noche, mientras la luna pareciera desvanecer en un liquido amargo que quema las entrañas, que envenena las venas, que destroza los sueños.

El horizonte va pintando suavemente del color claro de la luna, recorre este cuerpo desnudo que descansa en soledad, sin alimento, sin ánima, con un pecho destrozado que mancha con sangre las lágrimas de la noche.

Rojizo y violento la noche cae, con furia desgarra la piel, quema mi cuerpo desnudo que antes fue pecado y ahora es sólo un objeto frío, sin conciencia, sin dueño. Un recuerdo dulce y triste vaga entre mis ojos, cubre la piel desnuda, cura las heridas dolosas y sangra al recordar la ternura del calor del cuerpo ajeno.

Como si fuera ayer reacuerdo esa ternura, la dulzura de la infancia reflejada en una sonrisa; el olvido al sentir las grietas de tus labios, de tus dulces entrepartidos, su color carnoso que desvanece el tiempo.

Aún recuerdo ese veneno frío que recorría tus labios, que iluminaban tus ojos haciéndome perder en espejismos; recuerdo las cadenas que me aprisionaban a tus caderas, los grilletes que me aprendían a tus brazos y la melodía excitante entre tu respiración.

Y ahora mi cuerpo vencido, sin nada más que recuerdos, manchara la noche, ahuyentará los miedos, olvidara el recuerdo; y con rosa en mano, yaceré desnudo en este lugar virgen…


VINDRIA