¡Aliagua patos!; Un cuentito para todos
¡Aliagua patos!
Ali era una cocodrilo pequeñita, con escamas brillantes y una pancita redonda que hacía “plop
plop” cuando caminaba sobre el lodo.
Vivía en un gran pantano junto a su familia, donde el agua era tibia y llena de lirios flotantes.
Pero había un problema… ¡Ali no sabía nadar!
—¡Eso es imposible! —decían los sapos.
—¡Todos los cocodrilos saben nadar desde que nacen! —decían las garzas.
—¡Seguro es broma! —decían sus primos cocodrilos entre risas.
Pero no era broma. Ali lo había intentado muchas veces. Se metía al agua con toda la confianza
del mundo, movía sus patitas de un lado a otro, pero en lugar de deslizarse como su mamá, se
hundía como una piedra con patas.
—¡Glub glub blurb! —burbujeaba Ali antes de salir a la superficie con los ojos llenos de agua.
Pero Ali no se daba por vencida. Quería aprender.
Una tarde, decidió pedir ayuda.
—Señor Pez, ¿me enseña a nadar? —preguntó Ali.
El pez dorado lo miró con curiosidad y le dijo:
—¡Claro! Solo mueve tu colita como yo.
El pez empezó a mover su aleta con mucha gracia. Pero Ali no tenía una aleta, tenía una gran
cola pesada y cuando intentó moverla… ¡splash! Mandó agua por todos lados y asustó a los
peces.
—Mmm… quizás eso no funcione —dijo Ali.
Entonces fue con la tortuga.
—Señora Tortuga, ¿me enseña a nadar?
—¡Por supuesto jovencita! —dijo la tortuga lentamente—. Solo usa tus patas y haz esto…
La tortuga comenzó a mover sus patitas de adelante hacia atrás, flotando con mucha calma.
Ali intentó hacer lo mismo, pero sus patas eran demasiado cortas y solo se quedó girando en
círculos como un trompo.
—¡Ay no, así no es! —dijo Ali, mareada.
Por último, Ali fue con su mamá.
—Mami, ¿me enseñas a nadar?
Su mamá lo miró con dulzura y le dijo:
—Te enseño, pero tienes que confiar en ti.
Entonces, Ali intentó una vez más. Se metió despacito al agua, dejó de pensar en colas, aletas o
patas, y en cómo lo hacía su mamá y simplemente… se dejó llevar.
En ese momento ¡fluuush! Su cuerpo empezó a deslizarse suavemente sobre el agua. ¡Estaba
nadando!
—¡Miren, miren! ¡Estoy nadando! — gritó Ali emocionada.
Desde ese día, Ali nadó por todo el pantano, feliz y orgullosa. Cada vez que veía a alguien que
no podía hacer algo, les decía:
—Lo más importante es ver cómo lo hacen los demás, encontrar tu estilo y confiar
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