En Silencio

A pasado algo bien extraño, cuando usaba audífonos para llegar a todo lugar, los tenía pues me estresaba el extremo ruido del camión, las mimetizadas voces. Ruido simplemente ruido. Ruido de la vida misma, de la de los demás. De la que en verdad, ahora no me interesa.

Para mi infortunio, mis audífonos perecieron. Ya no más música en mi andar, sólo esperar hasta llegar a un punto estacionario donde esté una computadora o algunas bocinitas listas para conectar. Sin los audífonos, el camión ya no era tan ruidoso, y las voces contaban historias fantásticas, y el curioso comportamiento de la gente. Y el ruido ya no es simplemente ruido.

Otro universo cuando pasas el contador después de pagar. El ultimo pie toca fuera del camión y estás de regreso a la cruel ciudad.

Pero ayer, ayer, fue un día extraño, fuera de lugar. Al salir rumbo a la parada del camión, la ciudad se ah quedado en silencio, ni un solo grillo se encontraba entre ramas, algún perro buscando su hueso, el trafico normal de la avenida, nada, completamente en silencio. El camión frena poco antes de la parada y nada. Apenas mis pasos entre la tierra se escuchaban. Casi vacío el camión. Completamente a oscuras, y dos pasajeros con la mirada fija justo al frente.

Las luces de la ciudad llenaron el camión, y los recuerdos, y las ideas y la vida misma no tardó en verse reflejada en los faros, en mi rostro curioso dibujado en la ventanilla como si algo fuera a cambiar de lugar, de forma. Pero todo sigue igual que ayer... que hoy…la máxima expresión artística retratada en los asientos del camión. “lucia y Iván”, “banda 32” y varias otras rayas de la vida en la urbe.

Ya no vamos unos cuantos en el camión. Los guerreros con vista al frente y de pie, esperando su destino a la próxima parada, para bajar y encarar sus demonios, las voces escurridizas llenan el aire con un amargo sabor a humanidad, con un dulce aroma a fantasía. Las casi infinitas calles topan en un inmenso muro de concreto sólido que te hace regresar a donde empezaste. Y las luces reflejan al sol. Suaves amarillas que calientan los templados y agrietados rostros de la vida.

Y todo ocurre en silencio, las paradas son tranquilas, sin prisa, y todo sigue como ayer, como hoy. Las calles se han quedado vacías y aun falta para la hora sin día ni noche. Las sombras van desapareciendo, retirándose a dormir bajo los retazos de la vida retratada en tinta y papel. Envuelta en torcidos remolinos de vaho inocente.

La madre jalonea feroz a su criatura y el aliento se ve marcado en vidrio, correspondido con la risa de otra pequeña que deja su huella entre el alma de aquel pequeño ser.

Mi parada, y todo sigue tranquilo, apenas el estirar de los pulmones se escucha. Una pequeña luz al final para no caer de golpe en la ciudad, para no despertar el sueño tranquilo de un viaje en silencio. Frío y cruel retrato de la ciudad en un parabus. “LO HACES TU TU TU, SÓLO TU…!”. Y el silenció se alejó, se perdió entre mil feroces luces que gritaban desesperadas por una salida, por el retraso del tiempo.... y todo regresó como ayer, como hoy…

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