En vivo desde la Acropolis

5……6……7…….8…, las puertas del elevador abrieron, un espejo por pasillo, tenía miedo de dar un paso y caer dentro del reflejo, -tenía miedo de llegar. No pasó nada-. En la recepción, di mi nombre, me pidió que esperara al doctor, él no tardaría; me senté frente la pantalla que estaba sobre el mostrador, corría un DVD con varios videoclips, -no compartía el mismo gusto por la música que la recepcionista-, los tres discos con videos musicales sólo hicieron más larga mi espera. Cuando empezaba el segundo disco una pareja algo dispareja llegó, parecían padre e hija, pero se hablaban de miamor, aunque estaban peleados. Apenas si se volteaban a ver. Después de verme con cara de extraño, creyendo que esperaba alguien más, el avisaba a la recepcionista, - vengo del otro edificio y me mandaron para acá, vengo a ver al doctor Arenas-, cuando se dirigía hacía el consultorio la recepcionista lo detuvo, - ¿me podría dar su nombre?-,

-pero si vengo a ver al doctor Arenas, me mandaron del otro edificio- , -si, pero tengo que registrar su visita-, - mire señorita, yo no soy de aquí, soy de Tijuana, y me mandaron del otro edificio a ver al doctor Arenas…-,le importó poco a la recepcionista, hubiera dado lo mismo si viniera del centro, del sur, de la luna , tenía que dar su nombre como todo los que íbamos de visita, - si, el doctor ya sabe de su situación, pero tengo que registrarlo- ,

-pero si…-, - ¿me da su nombre por favor?, ya no le quedó de otra, dio su nombre y cuando le preguntaron su teléfono y dirección parecía empezaba otra batalla campal, - yo no vivo aquí, soy de Tijuana-, la recepcionista lo vio con unos ojos que tranquilamente dio su teléfono de su querida casa en el norte, terminada la entrevista se dirigía hacía el consultorio, pero lo detuvieron nuevamente,- por favor siéntese, el doctor lo recibirá en un momento-, nuevamente frunció el seño y me vio con ojos odio, creo no soporta ser nadie en el centro de la nada ó talvez recordó el dolor que lo hizo ir al consultorio, no sé pero sin más remedio se sentó.

Ya terminaba el disco y nos veíamos el uno al otro, los Dragones contra los Santos, de pronto, una simpática viejita calmó un poco la tención, ella también tenía sita con el doctor, pero ella ya había estado ahí, saludo a la recepcionista, dio su nombre, mientras ella platicaba el dragón se levantó para estirar las piernas, ella al darse cuenta, sigilosa se acercaba a la puerta para ver por donde merodeaba el dragón, el se percato que lo veían, regreso la mirada, veía fijamente a la viejecita con el seño fruncido, ella sólo sonreía y le preguntaba, –¿se va a sentar aquí?-, señalaba la silla en la que estaba sentado, -no, por favor siéntese- , el dragón no tenía otro remedio, él era todo un caballero de Tijuana y se merecía ver primero el doctor. Todos esperábamos sentados, el dragón, su esposa, la recepcionista, la viejecita y yo, lo único que cambiaba era el DVD y la hora que marcaba el reloj. Ptum…ptum…ptum, marcaba mi corazón, de pronto el paciente que veía el doctor salió del consultorio, empezaría el segundo tiempo, una nueva batalla, dragones contra santos, los dos nos paramos apenas salía primer paciente, -yo soy de Tijuana-, - yo soy potosino, yo llegue primero-, como su no supiera de donde viene el dragón con tonó áspero contestó - pero aparte de que vengo de Tijuana, vengo del otro edificio, el doctor me esta esperando-, él no sabía que el doctor a mi me esperaba desde hace una semana, ptum...ptum..ptum.ptum.ptum, aceleraba mi corazón, al igual que mi rostro fruncía con tono imponente, él pensaba que sólo era terquedad, un juego que quisiera verle la cara arrugada de enojo, me recordaba una y otra vez que era de Tijuana, nuestras voces empezaban a entrecortase, nuestra respiración se agitaba cada vez más y más, mientras la viejecita sonreía al ver como nos arrugábamos cada vez más, defendíamos nuestro lugar como cuando defendías tus canicas de ojo de gato, cuando bailaba tu trompo y caía en barril o en espadas; yo esperaba la esposa lo detuviera, pero ella no estaba ahí, no sé a donde había salido, la recepcionista estaba dentro del consultorio, no podía nadie hacer nada, alguno de los dos tenía que rendirse, claro estaba quien estuviera mejor de salud, - yo soy de…-, -si yo se que eres de Tijuana, y tu sabes que soy potosino, pero yo llegue primero-, - pero a mi me mando el doctor Fernández-, - y a mi el doctor Ávila-, aquello era una pelea interminable de títulos, de síntomas que talvez ni la mitad eran ciertos, lo que era seguro, es que ninguno de los dos quería esperar más, ya estábamos hartos de los gustos musicales de la recepcionista; ninguna arruga más podía formarse en alguno de los rostros, ni siquiera en el de la viejita que veía gustosa la riña por el lugar, -a mi ya me espera el doctor-, - a mi igual-, saltaron las venas y los dos levantamos la mano buscando la justicia divina, nuevamente inventando síntomas, y hasta una que otra enfermedad. Ptum.ptum.ptumptumptumptuptumptum….. los dos nos tomamos bruscamente el pecho, nos veíamos con angustia, veías tu cara en la del otro cuando no podía jalar aíre para pedir ayuda, un rostro de ya me cargo... Los dos tuvimos un ataque al corazón mientras defendíamos nuestro lugar para ver al cardiólogo, seguro los dos pensábamos lo mismo mientras se nos detenía el corazón, -por culpa de este pendéjo ya me morí del corazón, y en la recepción de un cardiólogo-, ptumptumptum…ptum.pt.um.p.t.u.m. p.tu….

-puede usted pasar, el doctor lo vera ahora-

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