Un dia de Lluvia


Una lluvia sorda llena las calles de esta tarde; siento la necesidad de abrir mis ventanas, me sofoco; recuerdos vienen a mi mente, recuerdos que no me han dejado dormir estas últimas noches.

Abro mis ventanas y escucho un pequeño violín tocar, reviso en la calles y no encuentro a nadie, hasta que encuentro quien toca tan grises notas, es una bella dama, aunque demasiado triste lo que el violín cuenta. Aun bajo esta terrible tormenta sigue tocando, ahí tan sola y tan bella en el oscuro callejón junto las flores, a un lado del café, debajo el toldo rayado que la protege de la lluvia.

A nadie le importa que ella este ahí, los pocos que pasan corriendo sólo distraen su vista y cambian de rumbo para no toparse con ella; baje a la calle sin abrigo sin paraguas, camine junto las flores, me detuve a escuchar. Ella de pelo largo, sus cabellos oscuros como mis sueños, muy delgada, mas no pareciera por falta de comida, largas y hermosas piernas le daban fuerza para estar parada en aquel callejón, vestía una bella blusa perla con una falda larga, finas manos que sostenían tan tristes melodías; vi su rostro, censillo, sin maquillaje, de labios carnosos aunque pequeños al igual que sus lindos ojos; dejó de tocar, me miro y vi caer una lagrima sobre su mejilla, ella abrió los ojos, me miró, sonrió y me abrazó, la abrace, dejo de llover; nos miramos mutuamente, sonreímos perdidos en nuestras miradas y el calor que desprendían nuestros cuerpos, alejaban mis pesadillas.

Las nubes empezaron a desaparecer, se aclaro el cielo, mientras el sol lentamente iluminaba el callejón; ella cerró los ojos al igual que yo, me perdí en el espacio, no había nada más que ella, yo y el violín; se acerco a mí, nos besamos y así terminaron las notas amargas.
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