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¿QUÉ QUERÍAN QUE HICIERA?


14.02.2012
¿Qué querían que hiciera?
Pedro Miguel
 
El 27 de diciembre de 2002 Tv Azteca envió al cerro del Chiquihuite a una treintena de efectivos armados y encapuchados que irrumpieron en las instalaciones de transmisión de CNI-Canal 40, redujeron a los vigilantes y técnicos que allí se encontraban, los esposaron y amordazaron y, pistola en mano, los obligaron a firmar unacta de entrega de las instalaciones. El entonces abogado de CNI, Fernando Gómez Mont, dijo que aquello era expresión de la voluntad arbitraria de un grupo privado que entrenó a un grupo especial para tomar la antena transmisora, por la cual empezó a ser emitida la señal de Tv Azteca. Poco después, la mañana del Día de Reyes de 2003, en la nueva sala de prensa de Los Pinos, un funcionario de Canal 40 le pidió a Vicente Fox, a la sazón presidente de la república, que interviniera para hacer respetar la ley. El de Guanajuato le replicó con la que habría de convertirse en una de las frases emblemáticas de su administración y de sí mismo: ¿Y yo por qué?
A unos meses de partir hacia un destino incierto, y a la vista de las ruinas humeantes dejadas por su administración en el territorio nacional, Felipe Calderón pronunció una pregunta de orfandad ética y primitivismo intelectual comparables a los del ¿Y yo por qué? de Fox: ¿Qué querían que hiciera?, se interrogó en voz alta el michoacano, tras justificar la guerra en la que metió al país porque no era conveniente que invitara a pasar [a los criminales], que los saludara y les ofreciera un cafecito, o qué.
¿Y qué queríamos que hiciera? Bien, la respuesta no puede ser tan sintética como la pregunta. Para empezar, tras la inmundicia de Estado que fue la elección de 2006, era recomendable que se abstuviera de tomar y ejercer la presidencia sin antes cerciorarse de que la había ganado. Si hubiera aceptado un recuento voto por voto ni siquiera habría necesitado de algo tan insensato como esa guerra para tratar de obtener un poco de legitimidad.
También habría sido pertinente, antes de tomar la determinación fatídica que tomó, estudiar a fondo el fenómeno de la delincuencia organizada, hacerse asesorar por expertos en la materia, tratar de comprender los vínculos entre criminalidad, economía, salud pública, educación, cultura y rezagos sociales. Si se hubiese tomado la molestia, habría entendido, por ejemplo, que el narcotráfico es un asunto policial, en tanto la farmacodependencia es un tópico de salud pública, y no habría necesitado formular una justificación propagandística tan absurda y parodiada como esa de Para que la droga no llegue a tus hijos...
Habría podido leer algo de historia para enterarse de que el principal promotor del narcotráfico en el mundo es Estados Unidos, y no sólo por tener en su sociedad el principal mercado de estupefacientes lícitos e ilícitos, sino también porque su gobierno es y ha sido, en México y en el resto del mundo, un importante operador del trasiego de drogas. Si se hubiese asomado aunque fuera a los libros de texto de secundaria, acaso habría caído en la cuenta del papel que ha desempeñado Washington en la historia mexicana y no habría cometido el disparate de confiar la seguridad nacional al país que ha sido desde siempre la principal amenaza para ella.
Calderón también habría podido cumplir con las leyes y hacer frente a la corrupción monumental que campea en la administración pública; habría podido promover la creación de empleos dignos y bien pagados para reducir el enorme margen de reclutamiento de que goza la criminalidad; habría podido ordenar la persecución enérgica del lavado de dinero; habría podido pedir una investigación seria y confidencial de los vínculos con la delincuencia que se atribuyen a varios integrantes y ex integrantes de su gabinete de seguridad; habría podido empezar por la depuración del personal fiscal, policial y militar en los puertos, aeropuertos y aduanas; habría podido emprender una persecución más pareja de los cárteles para evitar que lo acusaran –como ahora lo acusa medio mundo– de proteger al del Chapo Guzmán; habría podido promover marcos y protocolos de respeto a los derechos humanos para las fuerzas de seguridad civiles y militares; habría podido combatir al crimen organizado en vez de fingir que lo enfrentaba. Habría podido actuar con patriotismo, honestidad, eficiencia y visión de Estado. Por supuesto, nadie le pidió nunca que entregara el país a la delincuencia ni que la invitara a un cafecito. Para combatirla y hacer cumplir la ley habría podido hacer muchas cosas sensatas y positivas, pero decidió, en cambio, hacer una carnicería.
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Centro de Comunicacion Alternativa

"MILLONES DE MEXICANOS DE CLASE MEDIA QUISIERAN SER GRINGOS DE SEGUNDA"


La Jornada
12 de febrero de 2012
Desde 1835 estamos colonizados por EU, aunque lo neguemos, afirma Eugenio Aguirre
Millones de mexicanos de clase media quisieran ser gringos de segunda
Arturo Jiménez
La pérdida de más de la mitad del territorio nacional durante la invasión de Estados Unidos a México en el siglo XIX pudo evitarse si se se hubiera frenado la traición, la deslealtad, el entreguismo y la corrupción, y además, si se hubieran invertido de manera adecuada los recursos políticos, diplomáticos y militares de la nación.
El escritor Eugenio Aguirre agrega en entrevista que para superar ese episodio traumático aún presente en la memoria colectiva, y evitar que se genere otro error de dimensiones similares, es necesario conocer qué nos sucedió y por qué nos sucedió.
Aún persiste en diversos sectores sociales y políticos, sobre todo de derecha, el deseo de ser gobernados desde el extranjero, advierte Aguirre mientras fija la mirada en un ejemplar de su nueva novela histórica: La gran traición. La guerra donde perdimos la mitad de México (Planeta), libro de casi 600 páginas que incluye una bibliografía de más de 30 títulos.
“Antes era Winfield Scott bombardeando Veracruz, ganando la batalla de Cerro Gordo, llegando hasta el Zócalo e izando ahí la bandera de las barras y las estrellas. Hoy son los gerentes de las trasnacionales y no hacemos nada, no hemos cambiado mayormente.
Uno de los vicios que más me duelen como mexicano es la falta de orgullo nacional entre mis compatriotas. Por ejemplo, millones de mexicanos de la clase media quisieran ser gringos de segunda. ¡Qué tristeza, qué lamentable! No conocen nuestra historia, nuestras culturas de origen, la trayectoria del país, la lengua española.
Autor de libros como Hidalgo, Isabel Moctezuma La cruz maya, comenta que en La gran traición no sólo aborda lo que sucedía en México, sino en el Congreso y otros espacios políticos y sociales de Estados Unidos, a fin de lograr una visión cabal.
El siglo de la esquizofrenia
–En la novela no titubea en tomar partido, se nota desde el título.
–Es que siempre hubo una vocación expansionista de Estados Unidos, plasmados en el Destino manifiesto.Comenzaron a adquirir territorios como Louisiana y Florida. Durante la guerra de intervención compraron a los ingleses Oregon. Intentaron incluso apoderarse de parte del territorio de lo que hoy es Canadá. Siempre su idea fue apoderarse no sólo de México, sino de todo el continente. Y hoy estamos bajo la férula de las decisiones económicas y políticas de ese país. Desde 1835 no hemos dejado de estar colonizados por los estadunidenses, aunque lo neguemos de muchas formas y tengamos propuestas de un país independiente, soberano, con una cultura esplendorosa y superior a la de ellos.
–¿Por qué en esa época, como lo dice en la novela, hubo tantos mexicanos traidores, entreguistas, cobardes y corruptos?
–El siglo XIX mexicano fue el de la esquizofrenia. Si se analizan los sucesos de ese periodo uno se queda pasmado porque no corresponden a una coherencia intelectual, emocional ni cultural de un pueblo soberano. Había muchos personajes que tenían intereses de partido e individuales, de hacer negocio vendiendo el territorio de la patria.
“El general Mariano Arista, por ejemplo, tenía negocios con los estadunidenses: le mandaban implementos agrícolas y caballos a su rancho. O sea, tenía un entendimiento corrupto con los texanos y los yanquis. Lorenzo de Zavala, que había sido gobernador del estado de México y tenía intereses en Texas, apoyó a los independentistas texanos. Fue el único mexicano que firmó esa declaración de independencia y luego lo nombraron su primer vicepresidente. En lugar de ayudar a liberar a Santa Anna, se hizo el muerto.
–¿Pero por qué esa descomposición ética de quienes debían asumir un liderazgo?
–No había una conciencia muy clara de país. Acabábamos de salir de la Independencia, habíamos entrado en una etapa de federalismo en la que se respetaron los estados de la República como libres y soberanos. Los texanos estaban muy de acuerdo con eso y lucharon contra los españoles por la independencia de México. Cuando Bustamante cambió al sistema político centralista –después del asesinato de Vicente Guerrero, en el que estuvieron involucrados Lucas Alamán, Gutiérrez Estrada y otros– y los estados se convirtieron en departamentos, los texanos dijeron: ‘ahí ya no le entramos’, pues iban a perder libertades y la posibilidad de actuar según sus intereses regionales. Esto se dio también en Yucatán.
No había cohesión ideológica que fortaleciera un esquema de nación definido. Había una indefinición del ejercicio de la soberanía, que se prologaría hasta la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. Entonces, esto propiciaba muchas deslealtades, traiciones, envidias y corruptelas entre los políticos mexicanos.
–¿Por qué ese entreguismo y falta de defensa de la soberanía se dio más entre los sectores poderosos y conservadores?
–Porque lo que hoy llamamos derecha deriva de las tendencias conservadoras temerosas de segregarse de la corona española. Durante 300 años de dominación colonial los blancos, por llamarlos de alguna forma, fueron quienes tuvieron acceso al poder, la riqueza y una vida de muy alta calidad. El resto de la población, lo que se llamaban las castas, los indígenas, estuvieron marginados, no se les educó y se les mantuvo en la ignorancia, bajo un esquema religioso opresivo que no tendía hacia una nacionalidad idónea, homogénea. Eso propició que la derecha se fuera segregando del resto de la sociedad, pero eso también se ve hoy día.
Aunque no todos los poderosos fueron reaccionarios, hubo grandes patriotas, pero estaban sometidos al mando de grandes corruptos, mediocres y apátridas, como Santa Anna. ¿Qué le pasaba a esa sociedad que un individuo como él fue asumido como presidente de México por 11 veces? Estaba enferma esa sociedad, no tenía coherencia mental clara, no les interesaba, les valía madres quién gobernara.
–¿Decía que ese sistema de deslealtades al país se reproduce en el presente?
–Hoy día vivimos en una guerra de baja intensidad, que ha dejado ya más de 50 mil muertos. Sin embargo, cuando se ve el comportamiento de los partidos políticos, ninguno es patriótico. Ninguno de los candidatos o partidos políticos ha dicho: ‘Vamos a salvar a la patria’. Pero todos somos culpables de lo que nos pasa. Aquí es la gran Fuenteovejuna.
–¿Se hubiera podido evitar el inicio del conflicto y, después, la batalla militar, la derrota y la pérdida de la mitad del territorio?
–Sí. Se habría evitado en términos políticos, si se hubiera retornado al sistema federalista. No habría sido tan grave, si se hubiera reconocido la independencia de Texas. La anexión de Texas a Estados Unidos no se había dado antes porque ese país tenía un conflicto interno muy grave: esclavismo contra abolicionismo. Si anexaban Texas se fortalecerían los estados esclavistas del sur. Mientras Texas fue de México el esclavismo era ilegal, porque aquí estaba prohibido. Varios generales del norte de Estados Unidos no estaban muy de acuerdo con la guerra de intervención a México, ni la prensa estadunidense ni europea.
–Los héroes y gente íntegra que hubo, la mayoría eran desconocidos, como el padre Celedonio Dómeco de Jarauta.
–El padre Jarauta representa a los movimientos guerrilleros que se opusieron a la invasión. Tan pronto un sector de los ejércitos mexicanos perdía una batalla y se desmembraba, se convertían en grupos guerrilleros, que causaban más daño a los ejércitos yanquis que las tropas regulares.
–Es interesante el personaje de Casimiro Espadas, el protagonista.
–Es un personaje de ficción que me sirvió para contar la historia en la vertiente principal y dar coherencia a toda la narración. Esta es una novela río, en la que hay una corriente principal y luego van saliendo otras vertientes. Casimiro simboliza al mexicano íntegro, cabal, honesto, valiente, como hay muchísimos, pero a quienes no se les da la oportunidad de demostrarlo. Otro personaje, su amigo Antonio Osorio, sí existió, participó en las batallas y era muy bueno con la bayoneta.
–Opuesto a Casimiro Espadas está el personaje literario e histórico de Antonio López de Santa Anna.
–Es el representante de lo más malo que hay. Era un tipo repulsivo, no tenía lealtades, no respetaba nada, y no lo hacía porque en México los sectores del poder y del gobierno privilegiaban y privilegian la mediocridad, el posicionamiento político.
Eugenio Aguirre retoma: “Los soldados mexicanos eran brillantes con la bayoneta y los yanquis les tenían pavor. No eran buenos tiradores, porque no tenían rifles. Sus armas eran de desecho, rudimentarias. En la batalla de Churubusco, una de las desesperaciones de Anaya, Gorostiza y otros generales, era que les habían dado balas que no cabían en las recámaras de los fusiles. Hubo muchos hechos de guerra en los que no servían los cañones, las balas.
El encargado de comprar los pertrechos del Ejército mexicano era Ricardo Dromundo, cuñado de Santa Anna. Y el señor hacía negocios y era corrupto. Por eso las batallas que estaban prácticamente ganadas se perdían, porque el general responsable se quedaba dormido o llevaba a su ejército sin armas ni calzado, en pleno invierno.
–¿Cómo si el propósito fuera perder?
–Eso es muy claro, por eso el título de la novela es La gran traición. El propósito era perder para lucrar con esa pérdida. Es una novela que me costó mucho dolor, pero es un periodo que la gente tiene que conocer. En la escuela se soslaya: ‘nada más me enteré de que Santa Anna había perdido la mitad de la patria’. Es algo muy complejo y profundo, es meter la mano en una llaga de la cual no queremos saber mucho.

SEÑOR TLACUCHE . UN ENSAYO SOBRE LA INFANCIA


SOPA MEXICANA


El panista Doring se propone, como representante neto de la ultraderecha, coartar las libertades que brinda internet a través de una iniciativa de ley similar a la que fue derrotada en los EE. UU. por miles de usuarios.

La situación es que cualquier ley que limite el libre acceso a internet y su privacidad, puede argüirse como antecedente en todo el mundo.

Protejamos internet y demostrémosle al PAN, de una vez, que no importa si los medios masivos lo apoyan, la ciudadanía consciente y demócrata no.


¡Acabo de firmar esta importante petición en Avaaz.org para detener la SOPA mexicana!

Únete a esta campaña aquí:http://www.avaaz.org/es/stop_the_mexican_sopa/?sbc

"Es increíble. Hemos frenado la escandalosa propuesta de Estados Unidos para censurar Internet, ¡pero ahora los senadores mexicanos quieren aprobar una ley aún peor! Detengamos esta amenaza ahora mismo. 

El senador Federico Döring está proponiendo una nueva ley que acabaría con nuestra privacidad y destruiría al Internet que tanto queremos. ¡La ley le permitiría a las compañías de Internet monitorear a sus usuarios, e introduciría medidas draconianas para impedir que compartamos videos y canciones! Sin embargo, preocupado por la rebelión mundial contra la ley SOPA de EE.UU., Döring está titubeando -- insinuando que escuchará nuestros puntos de vista antes de seguir adelante.

El plan del Senado para arruinar al Internet de México ya está en un punto crítico. Firmemos una petición masiva dirigida a Döring y a los demás partidarios de la ley para que la retiren, y salvemos nuestra privacidad y nuestro Internet. ¡Firma la petición ahora, y cuando alcancemos las 150.000 firmas la enviaremos al Congreso!" 
 
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EN LOS ZAPATOS DE OTRO

EL BAÑO DE SANGRE Y LA CESIÓN DE LA SOBERANÍA NACIONAL


05 febrero de 2012
Revista Contralínea 270
El baño de sangre y la cesión de la soberanía nacional
Marcos Chávez*
Que los cielos y la tierra retumben para maldecir a esos traidores que entregaron a su país y su gente a una nación extranjera; que sus almas no encuentren reposo hasta el fin de los tiempos porque lo más sagrado que tiene un hombre es su honor y la patria
 
Ignacio Ramírez, el Nigromante, 15 de septiembre de 1863
 
 
La decisión del presidente Felipe Calderón puede o no ser genuina, una especie de guiño o pacto de “caballeros”, aunque nunca se ha caracterizado por esa clase de mensajes. Al cabo que el expresidente Ernesto Zedillo contribuyó decisivamente en la derrota del Partido Revolucionario Institucional (que desprecia) en 2000, y al ascenso del panismo a la Presidencia, en una alternancia administrada por el bloque dominante de la derecha con los objetivos de asegurar la continuidad del autoritarismo político y los proyectos neoliberal de nación y de preservar los intereses creados alrededor del régimen. Quizá es un simple formalismo intrascendente. Acaso porque desea emplearla como moneda de cambio. O porque Calderón la animó o dejó que siguiera su curso, sin interferirla, como una advertencia, como parte de su sucia estrategia (en la que es experto) en la lucha contra el priísmo por la Presidencia en las próximas elecciones.
 
Cualesquiera que sea la razón que lo motivó, hace muy bien en solicitar –sincera o fingidamente– a los estadunidenses la inmunidad de Zedillo, dada la demanda que enfrenta en una corte federal de Connecticut por su presunta responsabilidad en el asesinato cometido en contra de 45 indígenas tzotziles, en Acteal, municipio de Chenalhó, Chiapas, el 22 de diciembre de 1997. Podría decirse que es el sistema político, encarnado en Calderón, que defiende a sus hijos. Que busca protegerlo con una figura jurídica de dudosa existencia, toda vez que Zedillo no es un funcionario ni diplomático mexicano. Localmente una petición de esa naturaleza sería excéntrica. No le inquietaría, si es que le quita el sueño. No porque la denuncia carezca de sustancia, sino por la impunidad y arbitrariedad con que normalmente funciona el régimen. De imperar el estado de derecho en México, si existiera un Poder Judicial imparcial, que velara por la justicia y el imperio de las leyes, hace tiempo que la masacre de Acteal sería un caso legalmente juzgado.
 
Calderón aplica el principio de “hoy por ti, mañana por mí”. Es una especie de compra anticipada de su seguro de protección en la agonía de su mandato. Al apadrinarlo se defiende a sí mismo, debido a la demanda que gravitaen su contra en la Corte Penal Internacional, por crímenes de lesa humanidad cometidos por los aparatos represivos del Estado, en la “guerra” contra el narco que terminó pisoteando los derechos constitucionales de la población. Como promotor de esa “guerra”, como jefe del Ejecutivo y máximo representante de las Fuerzas Armadas, es el responsable directo. Desde luego, nada garantiza que prosperará la petición de justicia internacional en contra de Zedillo y Calderón, ya que los tribunales foráneos operan con los mismos defectos yraseros que caracterizan a los mexicanos. Están al servicio del poder, aplican la “justicia de los vencedores” y protegen a sus siervos. Ello explica que personajes acusados como criminales de guerra, como el político y diplomático estadunidense, Henry Alfred Kissinger; los expresidentes de Estados Unidos, George WBush y William Clinton; el exsecretario de Defensa de Estados Unidos, Richard Dick Bruce Cheney; el exprimer ministro del Reino Unido, Anthony Blair, o el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, desfruten plácidamente de la vida sin que nadie los moleste.
 
¿Alguien puede imaginarse que el próximo presidente abrirá el expediente de la guerra sucia calderonista y someterá a juicio a los culpables, como lo hace actualmente el gobierno de Argentina, progresista, elegido democráticamente, que una vez que eliminó las espurias leyes de impunidad inventadas por los militares paracubrirse las espaldas, empezó a llevar a los tribunales y encarcelar a quienes sometieron a un baño de sangre a su pueblo? Ese país es un espejo incómodo para Calderón y sus compañeros de aventura que representan una herencia maldita para la elite política, toda vez que involucra a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, ya que incumplieron con sus responsabilidades constitucionales, en lugar de anteponer la Carta Magna y las leyes, solaparon su “guerra”. Como muchos mexicanos, Human Rights Watch (organización no gubernamental dedicada a la investigación, defensa y promoción de los derechos humanos) acaba de solicitar que el siguiente gobierno investigue los abusos cometidos contra los derechos humanos durante la lucha contra el crimen organizado y que evalúe la pertinencia de mantener a los militares en las calles.
 
Las posibilidades son remotas. Enrique Peña Nieto alzó su voz para defender a Calderón, al conocer la demanda levantada en su contra en la Haya, y promete mantener la “guerra” por la seguridad. Los precandidatos panistas la asumen como un legado legítimo que merece continuarse y levantarán el muro de protección. Andrés Manuel López Obrador no se ha pronunciado al respecto.
 
De todos modos, como se rumora, hace bien Calderón en pensar poner tierra de por medio una vez que concluya su mandato. Piensa, en Estados Unidos o en España, donde puede ser protegido, ya sea por sus invaluables servicios prestados al imperio, o por su afinidad ideológico-política con el neofranquista Mariano Rajoy, presidente de ese país.
 
Su futuro se asemeja al del expresidente Carlos Salinas de Gortari. Su pasado lo perseguirá. Convertido en unsayón, será socialmente despreciado. Un apestado por los grandes daños causados a las mayorías y a la nación.
 
¿Qué otra cosa puede esperar alguien que en lugar de ser un ejecutivo y un abogado ceñido al imperio de las leyes y a sus mandatarios, hundió al país en un baño de sangre, la corrupción, la impunidad y la miseria?
 
Al asumir como propia la “guerra” al narco planificada por Estados Unidos –uno de sus caballos de Troya que emplea para intervenir en los asuntos de otras naciones–, al convertir ese problema policiaco-judicial en una cuestión de seguridad nacional, al utilizar a los militares en esa tarea, al criminalizar la protesta social y al recortar los derechos constitucionales, como parte de su estrategia de legitimación a través de la venta de la seguridad y el uso del terror, Calderón estimuló la escalada de la violencia delincuencial; con la cual contribuyó con su retórica belicista, que deshumanizó a los infractores y los convirtió en una especie (in)digna del exterminio (a “esa plaga, amigas y amigos, esa plaga que es el crimen y la delincuencia, es una plaga que estamos decididos a exterminar en nuestro país”), con su solapamiento de las violaciones cometidas por los aparatos de represión, refrendadas por el Poder Judicial.
 
La estela de violencia es atroz. Casi 50 mil muertos (¿cómo puede demostrar Calderón que el 95 por ciento son producto de los ajustes de cuenta entre los criminales?, como lo desafió José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch, experto en América Latina); 150 mil personas afectadas (familiares de los fallecidos); alrededor de 10 mil desaparecidos; miles de desplazados –en marzo de 2011, el Centro internacional de Monitoreo de Desplazados, con sede en Génova, Italia, estimó 230 mil; en noviembre, Fidel López García, académico del Instituto Mora y consultor de la Organización de las Naciones Unidas, calculó al menos 1.6 millones (Gloria Leticia Díaz, Proceso; http://www.proceso.com.mx/?p=289550); miles de inocentes heridos y vejados; zonas devastadas –en algunas de éstas el gobierno impone áreas “modelo”, que recuerdan las “aldeas estratégicas” de contención del enemigo, impuestas por los estadunidenses en Vietnam o en Centroamérica–, estados afectados.
 
¿Ha valido la pena el costo de esa manera de “limpiar por todos los rincones de la casa”, como reza la propaganda electoral panista?
 
De acuerdo con el experto en seguridad y narcotráfico y presidente del Instituto de Acción Ciudadana, Edgardo Buscaglia, en 2001, la delincuencia controlaba el 34 por ciento de los municipios; en 2006, 54 por ciento; en 2010, 73 por ciento y en 2011, el 71 por ciento (El Universal, 2 de enero 2012). México, indica Buscaglia, es un rompecabezas; cada pedazo del territorio nacional es controlado por un grupo mafioso, el cual es disputado violentamente por otro, donde el más fuerte devora al débil. Trabajan en éste al menos 22 tipos de mercados ilícitos (tráfico de personas, de migrantes y además de armas, contrabando) y otros lícitos (dirección de empresas, sectores de la construcción, farmacéutico, financiero) que les ha dado una gran fortaleza patrimonial. Su fuerza económica, social y política le ha permitido asediar, corromper y capturar a un Estado fragmentado, debilitado, que perdió su capacidad de control y gestión de la delincuencia. Que ha sido incapaz de establecer una alianza entre las facciones del poder político y económico que permitan purgar al sistema. El remedio calderonista, agrega, ha sido peor que la enfermedad. Es como tratar de apagar el fuego arrojándole gasolina.
 
El “remedio” ha hundido en el fango a los aparatos de seguridad estatal. El reciente informe de Human Rights Watches sobrecogedor: “Ha provocado un fuerte incremento del número de asesinatos, torturas y otros abusos por parte de integrantes de las fuerzas de seguridad. [Ha agravado] el clima de caos y temor que predomina en muchas regiones del país. Periodistas, defensores de derechos humanos y migrantes son atacados deliberadamente por organizaciones delictivas e integrantes de las fuerzas de seguridad. Las Fuerzas Armadas han cometido graves violaciones de derechos humanos, como ejecuciones, torturas y desapariciones forzadas”. Se han documentado “casi 90 casos en los cuales se habían cometido violaciones de derechos humanos. Entre 2003 y 2006, se recibieron 691 denuncias, y 5 mil 800, entre 2007 y octubre de 2011”.
 
La tortura (sexual, golpizas, asfixia con bolsas de plástico y por ahogamiento, descargas eléctricas), la amenaza de muerte, el uso injustificado de la fuerza, la detención arbitraria, la incomunicación, la ejecución extrajudicial (civiles asesinados que murieron en la tortura, en los retenes militares o durante enfrentamientos armados), la desaparición forzada, el encubrimiento, son algunos de los tipos de abusos cometidos. Las confesiones obtenidas por esos medios usualmente son aceptadas por los jueces, sin investigar la denuncia de los abusos y las violaciones de derechos humanos. Los jueces “han abdicado”. Prevalecen prácticas perversas: las víctimas [tienen que] demostrar que sus derechos fueron cercenados, el arraigo hasta 80 días antes de ser acusadas de haber cometido un delito, el uso de leyes ambiguas para justificar las detenciones y medidas de prisión preventiva arbitrarias.
 
“La mayoría de los soldados que cometen violaciones casi nunca responden por sus actos ante la justicia. La Procuraduría General de Justicia Militar inició 3 mil 671 investigaciones sobre violaciones, y sólo 29 fueron condenados”. El 0.8 por ciento del total. (http://www.hrw.org/es/world-report-2012/m-xico;http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/mexico1111spwebwcover.pdf).
 
La impunidad es la norma. Al igual que la denigrante cesión de la soberanía nacional por el calderonismo, solapada por el avestruz-Senado.
 
A cambio de 1 mil 600 millones de dólares, algunos helicópteros y tecnología de punta en satélites y comunicación, obtenidos con el Plan Mérida –la versión local del Plan Colombia–, firmado en 2008, Calderón ha aceptado la presencia estadunidense hasta en la cocina, abierta y encubierta, política, policial, militar y de inteligencia, la operación de aviones no tripulados del Pentágono; la incursión militar (Matamoros); la operación de un centro de inteligencia dentro de una base militar en Monterrey, la instalación de oficinas en el Distrito Federal, donde los agentes estadunidenses discuten la estrategia de combate al narco; el entrenamiento de policías y militares mexicanos por parte de la agencias Central de Inteligencia y la de Antidrogas (DEA, por su sigla en inglés) y los operativos militares. La participación en operativos e interrogatorios; el tráfico masivo de armas (operativo Rápido y Furioso); el lavado de dinero de la droga (la Secretaría de Hacienda y Crédito Público es ciega); la intervención de las telecomunicaciones; la contratación de mandos de la Procuraduría General de la República y las secretarías de Seguridad Pública y de Gobernación, de al menos 80 exfuncionarios públicos expertos en seguridad, inteligencia, investigación y análisis, que espían, recopilan información y dan seguimiento a ciertos temas para la DEA, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas; la presión del gobierno y de los legisladores estadunidenses; el alineamiento de la política exterior (por ejemplo, el pleno ingreso de Palestina a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).
 
Al someterse a lo que Estados Unidos considera como vital para su seguridad nacional, en aras de su legitimidad, Calderón y el Senado hipotecaron la soberanía nacional por unos cuantos dólares y algunos cacharros.
 
Una verdadera infamia. Tan vil como las del político y militar mexicano, Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. No se ría, así se llamaba.
 
*Economista
 
 
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THELASTGOD . GODLIKELAND



¿Te has preguntado por qué te gusta una rola, una banda...? 

Thelastgod . Godlikeland


¿A que suenan? ¿Por qué escucharlos? ¿Por qué por qué?
No es tan complicado escribir sobre lo que piensa un grupo de su proyecto, de sus creaciones. Pero, ¿Cuándo ocurre al revés? Sólo tienes que dejarte llevar y escribir….

Al charlar con algunos de los integrantes de Thelastgod hablamos de todo menos de música, o poco si es que llegamos a la música. Es tan curioso y normal encontrarse con mismas situaciones en las que la diferencia radicar en nombrar las cosas de otra forma.  Sin duda, a través de la Internet es fácil pertenecer a un total y conformar un ser global. ¿y qué tiene que ver con su música? Pues bastante, sus rolas son tan familiares,  tienen un sonido clásico que pudiéramos definir como rock gótico, ese que no viví en su plenitud pero está en las viejas películas, en los fanzines europeos, en las fotografías de casonas abandonadas. Es tan familiar el sonido en pasado de sus canciones. Es fácil perderse en una canción y no dejarla pasar.  Es fácil decir que son mexicanos, que son del df, que no son satelucos, que sí lo son, son tan familiares que parecieran del mismo barrio, que vieron las mismas películas y muy probablemente en su sonido sólo compartan un gustoso amor por The Cure, Joy Divison, Clan of Xymox, etc… pareciera que se equivocaron de época o les gusta vivir en aquellos tiempos done el arte parecía importar, donde las pesadillas eran colectivas y las individuales pertenencias humanas hacían creer un conjunto. ¿a dónde se fue la unidad?
Hay que escuchar a Thelastgod en un lugar rodeado de ladrillos, con bocinas del estero de tu padre,  el tocadiscos de tu hermano y lo único moderno eres tú. Que te ves tan ajeno a ese movimiento, tan aletargado y perdido en acordes. Tal vez sea su grabación casera el que le da ese feeling  nostálgico, o el rever de las guitarras, el eco en la voz.  Muy fieles a un sonido que no intenta innovar si no preservarse en el tiempo. ¿Necesitaríamos de nuevos sonidos, nuevos ritmos?  ¿Como la historia, la música se repite?
Sólo hablo de lo pienso al poner play,  correr el disco GODLIKELAND. Lo excelente de la banda es que poco les importa vender, o ser aceptados. Han creado un medio para viajar el cual comparten y abren para que cualquier interesado pueda abordar.  ¿No es por eso que nos gusta la música? Porque sentimos afinidad con el sonido, con la rima, la letra, el tono, métrica…. Un bajo con mucho cuerpo, unas guitarras que surcan libres por los abismos, una batería que nos une y una voz que aparenta viajar sola y se encierra en su decir, sus líricas. En lo que proponen un nuevo sonido es tan familiar al pasado que suena increíblemente bien. Lo que me pregunto cada que los escucho es ¿Cómo sonarían si cantaran en español? ¿Tendrían más poder? ¿ Perderían su esencia nostálgica? 
Mi favorita, cutting flowers, algo hay en ella que la puedo poner una y otra vez. ¿Por qué? aun no lo sé, por eso me he tardado en escribir este prometido post.Posiblemente sea el significado, el de cutting floers,  que tiene para la banda, la afinidad que siento al escucharla. Pues, al hablar con ellos, no somos tan diferentes y padecemos de las mismas ocurrencias sociales, disfrutamos de las mismas bandas...

En ellos hay afinidad sonora…. y por cierto, son de Chile, no se vayan con la finta... que tampoco influya, sólo déjate llevar, es lo mejor que puedes hacer al escuchar Thelastgod... 


Thelastgod en entrevista y sus nuevos proyectos...


Escucha sus canciones completas en el siguiente link:

ASHLEY DAYOUR . WHISPERS IN THE SHADOW


Ashley Dayour se inspira en la vida misma

Formada en Austria en 1996, por la inspiración de Ashley Dayour -conocido por ser el guitarrista de L’ame Immortelle y Veneno para las Hadas-, la banda Whispers in the Shadow lleva ese nombre por una historia de H.P. Lovecraft.(continúa
Lee la entrevista completa en Rockat Radio "La visión nocturna de la música y las letras"

¿CUANDO SE ACABA LA GUERRA? . TONATIUH MORENO / FELIPE CALDERÓN


Tonatiuh Moreno, su testimonio después de interpelar a Calderón

Tonatiuh Moreno, empresario. Foto: Tomada de Internet
Tonatiuh Moreno, empresario.
Foto: Tomada de Internet
MÉXICO, D.F. (apro).- Estoy sorprendido. Cuando me decidí a interpelar a Felipe Calderón en el anuncio de Ciudad Creativa Digital el pasado lunes, no sabía lo que iba a desencadenar. Sabía, sí, que me arriesgaba a ser detenido por el Estado Mayor. Tambíen sabía que mi acto no le iba a agradar a la mayoría de mis “colegas” empresarios del mundo de los medios digitales y que iba a perder ciertas posibilidades de negocios.
Me llamo Tonatiuh Moreno. Soy estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del Iteso. Desde hace seis años dirijo un pequeño estudio de animación llamado Haini. Hago caricatura profesionalemente desde 1988 y doy clases de animación en el CAAV. Dirigí un cortometraje apoyado por IMCINE (con dinero de los ciudadanos mexicanos) que se ha seleccionado en festivales internacionales. Mi estudio está desarrollando un largometraje en busca de financiamiento. No soy un agitador “movido” por ningún partido político, ni un “hippie mugroso”, como me dijeron queriendo insultarme y sin lograr ofenderme. No fui a esa asamblea con un plan o una estrategia. Fui con una pregunta: ¿Cúando se acaba la guerra? Y realmente quería que Calderón me la contestara, aunque tenía pocas esperanzas de que realmente lo hiciera. Y así sucedió: no contestó mi pregunta. Se limitó a repetir su discurso de “nosotros los buenos contra ellos los malos”. Como si disentir de su proceder automáticamente me colocara en el bando de los malos. Como si sólo hubiera dos lados en esta cuestión.
Es muy difícil tener un verdadero diálogo cuando uno de los lados tiene todos los micrófonos, cámaras y guaruras de su lado y está a más de veinte metros de distancia de su interlocutor. Por eso Calderón me acusó de “vociferar”. Claro que grité. ¿De qué otra manera me podría hacer oír? Calderón también usó la falacia del hombre de paja, poniendo palabras en mi boca. Nunca expresé que el gobierno debería quedarse de brazos cruzados ante la delincuencia. Sólo formulé una pregunta.
Creo que iniciar un conflicto tan sangriento como el que se ha desatado implica grandes responsabilidades. Una de ellas es la de informar a los involucrados cuáles indicios debemos ver como señal del final del conflicto. Si se tratara de la lucha contra un ejército invasor, sabríamos que la guerra se acabará cuando el enemigo se retire de nuestro territorio.
En el caso de la lucha contra el crimen organizado ¿de veras se espera que los narcos salgan con las manos en alto y digan “nos rendimos”, si los suministros de dinero y armas siguen fluyendo libremente desde los Estados Unidos? El número de arrestos y muertes no me parece un indicador convincente. Que se saquen cientos de cucarachas de una casa no significa que la casa se esté limpiando, si el criadero sigue adentro.
Y ese me parece el asunto central: la estructura social, económica, cultural y política de nuestro país no sólo permite, sino que estimula el crecimiento de la corrupción y la delincuencia. Se trata de un sistema intrínsecamente injusto, un reglamento de juego que favorece a los que más tienen, premia a los que más transan, ve como héroes a quienes más abusan y como idiotas a quienes tratan de ser honestos.
El proyecto de Ciudad Creativa Digital está inscrito dentro de este mismo sistema. Si nos hemos de guiar por otros proyectos donde están involucrados los mismos actores, como el de Batallón 52, se tratará de un intento, no de apoyar la creatividad y el desarrollo de quienes emprenden proyectos interesantes, sino de concentrar el poder y acaparar el capital. Una iniciativa donde el control lo tendrán unos pocos, donde se obtienen recursos sin contar ni con guiones ni con propuestas originales (eso es secundario, lo importante es contar con maquinotas).
La estructura económica y política de este país se materializa en ecosistemas propicios para que prosperen proyectos como el de Dreamsky (“Escuadrón 2011″), dirigido por Mario Alberto Ochoa, que logró obtener recursos de organismos de gobierno para producir animación (una serie y una película) para los Juegos Panamericanos, y dejó el proyecto inconcluso y a más de cien trabajadores sin pago y desempleados, incluyendo a gente de mi propio estudio, Haini, y EsComic, de León Guanajuato.
Calderón me dijo que debía agradecer que en “su gobierno” gozo de libertad de expresión. Debo señalar dos cosas: la libertad de expresión es un derecho humano y una garantía individual protegida constitucionalmente, no una concesión del gobierno. Y si en la actualidad gozamos de mayor libertad de expresión, no es por una decisión individual del presidente, sino un logro de la lucha continua de miles de mexicanos, como los periodistas valientes, que la han ejercido y defendido, a veces con su propia sangre. El presidente se adjudica logros que no le corresponden. Es demasiado pedir cualidades como la humildad de un gobernante en estos días. ¿Saben cómo Calderón me podía haber desarmado? Siendo humilde y admitiendo que empezó una guerra que no sabía como terminar. Pidiendo ayuda y consejo a intelectuales, politólogos e instituciones para que su arrogancia no cause más dolor.
No me sorprendió recibir insultos, muchos de muy baja categoría: se burlan del color de mi piel, de que no uso traje y hasta de lo autóctono de mi nombre. A los que lo han hecho así, debo decirles que de las tres cosas me siento orgulloso, y que las representaciones que manejan, relacionando esas características con pobreza e incultura, tienen un origen que debe ser atacado. ¿De verdad me están diciendo que están contentos con un México clasista y racista?
¿Qué es lo que me sorprendió tanto, después de haber interrumpido el discurso de Calderón? Lo enorme de las muestras de apoyo, que agradezco a todos. Sabía que al hablar, no hablaba sólo por mí mismo, pero no sabía que representara a tantos. Ahora he recibido la confirmación de que mi voz en esa asamblea no era mi voz sola, sino la voz de miles, quizá millones de mexicanos que ya estamos hartos de que las cosas sigan igual.
Muchos mexicanos estamos hartos del lenguaje de las balas y la sangre, y preferimos el de las palabras, aunque a veces tengan que gritarse. ¿Qué logré? Quizá materializar la voz de muchos que queremos que las cosas cambien. No sabía si el incidente terminaría con el silencio y mi detención o habría otras repercusiones. Creo que por lo menos logré que se reavive el debate, volver a darme cuenta de que somos muchos los que no estamos conformes y que podemos alzar la voz. El mundo ha cambiado y podemos cambiarlo. Iniciativas como la del Túmin o espacios como Nuestra Aparente Rendición dan esperanza y cada vez hay más indicios. Cada vez somos más los que creemos que otro mundo es posible.

THE DARCYS . AJA