TIEMPO DE ALACRANES . BEF

Título: Tiempo de Alacranes.
Autor:  Bernardo Fernández, Bef.
Número de páginas: 156.
Sello editorial: Editorial Océano.
Colección: Océano Exrpés.
Año: 2015.

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El primer capítulo de una serie policiaca sobre el México más profundo y disparatado.

Lo llaman simplemente El Señor, y dirige el peligroso cártel de Constanza. Hasta ahora, nada parece amenazar su poder. Pero un buen día, El Güero, uno de sus sicarios más confiables, se ve en problemas para cumplir una orden aparentemente rutinaria. Y un trío de jóvenes misteriosos se hace notar por una racha de asaltos despiadados a tiendas de autoservicio. Ambas historias terminarán por cruzarse y por cambiar para siempre el orden de las cosas en el cártel…


Bernardo Fernández no ha escrito la gran novela mexicana. Tiempo de Alacranes no pasará a la historia por su originalidad, mucho menos como parteaguas que desenmascare las actividades de los Capos en el país, pero ésa no es la intención de esta novela…

Bien pudiera convertirse en una película western, un road, dónde las historias de los camioneros y transportistas están servidas antes de poder entrar a la cantina y pedir una Tecate o una Carta Blanca. Alguna de esas cervezas que sólo hay al norte del país. Se pinta como una aventura con el característico humor negro mexicano: con ese “valemadrismo”, la buena ventura propia de los personajes.

Bernardo Fernández (mejor conocido como Bef), bebe de diversas fuentes literarias “comiqueras” y cinematográficas para componer esta pieza literaria que no engaña a nadie y atesora las impugnables virtudes del mexicano norteño. Propone un estimable ritmo narrativo con una clara transición entre sus capítulos, como si al término de cada uno éste se fuera a fade out para iniciar el siguiente con unfade in con una toma panorámica de lo que está ocurriendo.

La historia transcurre en gran parte en el norte de la República (Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Sinaloa), las zonas en el que narcotráfico es ya un estilo de vida; dónde algunos niños crecen con la esperanza de querer ser licenciados, ingenieros… algo común, sin ser temible, y algunos otros sueñan con convertirse en narcotraficantes.

Todo comienza con un enredo que vincula a múltiples personajes: dos hijos de narcotraficantes estudiando en Canadá; un joven agresivo en quien se ve reflejado el Güero, un matón ablandado en su último trabajo al ver la figura de un excelente padre (se puede adivinar la falta de la figura paterna en la vida del Güero, el anhelo de tenerla o llegar a ser la semblanza del padre modelo); un jefe de cartel; dos matones con poca suerte —Tamés y el Gordo—; un compadre borracho y su mujer desatendida… Parecerá muy fantasioso el estilo de vida de estas personas; aunque claro está, si se considera el vivir en el centro de la nada, todas ellas tienen un dote único y cómico. Sin embargo, es un estilo de vida ya muy marcado en las regiones desérticas del país, de la vida “del norte.”

Bernardo Fernández consigue convertir la figura del matón en un héroe-antihéroe, consumido por sus propias pasiones y deseos relatado como el más temible, el mejor sicario de todos los tiempos; convirtiéndose en una persona sensible, saciado de tanta sangre ajena.
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