POR EL DERECHO A LA INFORMACIÓN . UNA REFLEXIÓN DE MARTÍN SOLARES

Por el derecho a la información. Una reflexión de Martín Solares.
Las palabras que dejaron de usarse en Tamaulipas
El domingo pasado por la noche, justo cuando se desataban nuevas balaceras en Tampico y Ciudad Madero, (y había nuevos asesinatos que cabe preguntarse si son investigados o quedarán impunes) la diputada del PRI por Tampico, Olga P Sosa, publicó en facebook un texto en el que reconoce que "no es ajena para nadie la situación que pone a prueba nuestra entereza". Pero no la nombra, con lo cual lo mismo podría referirse a una invasión extraterrestre que a una nueva alza en el precio de la gasolina. Luego, quizá con buenas intenciones pero muy lejos de la situación que viven las personas a las que representa, invita a la comunidad en general a "seguir informando, más no a esparcir rumores", ni "a sembrar rencores", "a establecer medios legítimos de reclamo ciudadano, más no a denostar sin fundamentos a instituciones", pues "existen instancias cuya labor no debe ser entorpecida por declaraciones generadas en medio de la incertidumbre". Creo que quejarse por las redes sociales es un medio legítimo de manifestar el miedo y la inconformidad con la situación, y que su carta nos dice con transparencia qué le está pasando a los políticos que debían velar por la seguridad de los tamaulipecos.

En primer lugar, se están quedando sin palabras, o no tienen permiso para usarlas. Como si ignorar los problemas fuera el primer paso para solucionarlos. Aquí hay algunas palabras que los políticos tamaulipecos no tienen permiso de utilizar: balacera, ráfaga, muerto, granadazo, explosión, asesinato, extorsión, secuestro, zetas, cártel del Golfo, peligro, persecusiones, miedo, terror, cansancio, fatiga, estrés, clima de inseguridad. Y en segundo grado, otra familia de palabras, solas o asociadas con otras, que jamás usarían: impunidad, delito, lavado de dinero, complicidad de las instituciones, censura criminal, paranoia creada por la desinformación. Lo que han hecho tantos tamaulipecos a través de las red
es sociales es recordarles a sus vecinos y a sus gobernantes que estas palabras y estos hechos existen, a fin de que los gobernantes tamaulipecos enriquezcan su vocabulario y su comprensión de la realidad.
En segundo lugar, la carta invita a informar, pero todo indica que o bien no existen las garantías para que ni siquiera los reporteros profesionales informen sobre lo que está ocurriendo, o hay una censura tremenda en los medios, apuntalada por dosis enormes de publicidad estatal, pues a pesar de que la gente ha documentado en las redes sociales las balaceras y las columnas de humo que salen de casas o autos incendiados a lo largo de esta semana, los medios no publican imágenes ni textos sobre ello, contribuyendo a la desinformación y a la paranoia general. No saber qué sucede cuando escuchas balazos o te cuentan de ellos (porque la prensa no dice nada) es el camino más directo hacia el miedo. Los políticos que son denostados en Facebook o Twitter deberían estar concientes de ello. ¿Quién, si no los políticos, debería exigir a los medios que informen cabalmente sobre lo que está ocurriendo? Porque la política que comenzó el ex gobernador Eugenio Hernández, ahora investigado por agencias estadunidenses y la SIEDO, fue la de ignorar la realidad y publicar dos o tres días más tarde, en la página de internet del gobierno del estado, boletines de prensa tan escuetos, tardíos e incompletos que eran casi un hecho criminal en sí mismos, en la medida en que atentaban contra el derecho a la información.

¿Qué tanto pierde un político si reconoce que desde el 5 de abril se han suscitado balaceras constantes en la ciudades de Tampico y Madero, y decide informar a la población con veracidad? Se vea por donde se vea, la situación de Tamaulipas nos lleva a preguntarnos con todo derecho si esta carta de una diputada que representa al PRI no se concentra demasiado en cuidar la imagen de sus colegas cuando sería preferible cuidar las vidas de los ciudadanos por vías más efectivas. No olvidemos que la imagen pública de un gobernante es una figura imaginaria, hecha con pedazos de la realidad (a veces muy distante de la realidad), una figura de ficción que no sufre ni paga impuestos, a diferencia de los ciudadanos que deben averiguar a diario a través de las redes sociales cuál es la ruta menos peligrosa para regresar a sus casas.

En el aeropuerto de Heathrow hay un letrero a la entrada, que pide la colaboración de la gente para denunciar todo tipo de acto terrorista o criminal: If you see something, say something. En cambio lo que sugieren algunos políticos tamaulipecos es que guardemos silencio. Pero por esa vía, y deberían saberlo el gobernador de Tamaulipas y los alcaldes del sur del estado, pronto ni los ciudadanos ni los gobernantes estarán en condiciones de decir la última palabra: Ayuda.

En lugar de abusar de palabras como "récord Guinness", "camarones", "fiestas de abril", "Ángeles Azules", sería preferible que volvieran a usar conceptos como "justicia" o "libertad", o "estado de derecho", "garantías individuales", "aplicación de la ley", "últimas consecuencias", "creación de una comisión para la paz".
Quejarse de la violencia y denunciarla es un derecho. En cualquier país civilizado, entre políticos que hacen su trabajo con dignidad, es también una obligación de los ciudadanos. Pensar de otra manera y exigir el silencio los acercará, en la percepción de la opinión pública, a creer que ustedes, los gobernantes, no desean encontrar soluciones, o peor aún, que hay entre ustedes quienes también forman parte del problema. Dejo una última palabra: Paz, por favor.
MS

PD para los que preguntan: Sí, gracias por compartir en sus muros. Tienen no sólo el permiso sino mi agradecimiento.
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