LA FILA INDIA . ATONIO ORTUÑO


Título: La Fila India
Autor:  Antonio Ortuño
Editorial: Océano.
Año: 2013
Género: Ficción
Colección: Hotel de Letras

Al Reverso:  A fin de repatriar a las víctimas de una masacre, una joven funcionaria es enviada a un pueblo perdido en el sureste de México. Primer error: mudarse allí con su hija de siete años. Segundo: abrirle las puertas de su casa a una sobreviviente. Tercero: averiguar que un grupo criminal se ensaña contra los migrantes centroamericanos. Y cuarto: tratar de resolver una sencilla pregunta: ¡por qué a nadie parece importarle? Compuesta como un caleidoscopio que registra todos los tonos del sarcasmo. La fila india es la novela de madurez de Antonio Ortuño. Una historia apasionante, a medio paso de la novela negra, que nos ofrece un grupo de personajes inolvidables, una prosa difícil de igualar y la mirada de un autor que registra cómo se descomponen las relaciones entre un individuo cualquiera y el país en el que vive.

Ortuño observa a los seres humanos con la certeza 
de quien sabe que debe usar ácido para llegar al núcleo.
Yuri Herrera


Nadie escribe como Ortuño ni tiene una fiel legión de lectores como él.
David Miklos, Nexos. 

Ortuño ya tiene un mundo muy propio, un estilo inconfundible.
Edmundo Paz Soldán, Letras Libres.



Antonio Ortuño (Zapopan, 1976) es autor de las novelas El buscador de cabezas, Recursos humanos (finalista del premio Herralde) y Ánima, así como de dos colecciones de cuentos: El jardín japonés y La señora Rojo. Algunos de sus libros han sido traducidos a diez idiomas. En 2011 GQ lo premió como escritor del año y fue seleccionado por Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español.  Luego de trabajar como reportero y editor de diversos diarios jaliscienses, ha colaborado en El País, La vanguardia, Clarín, Etiqueta Negra, W Radio, Proceso, Letras Libres, La Tempestad, Luvia y Letras explícitas.

En la tradición de virulencia conceptual de un Cioran, de un Céline, incluso de un Martin Amis.
Juan Ernesto Ayala-Dipp, El Páis.




Con una lírica rítmica ascendente Ortuño nos lleva a la ciudad olvidada de Santa Rita, ubicada al sur de México pero que bien podría ser cualquier parte de este país por donde La Bestia transporta a personas cargadas con esperanza de una vida mejor, de quienes huyen de la pobreza y la desolación, pero también carga aquellos buitres que esperan camuflados como un indocumentado más del tren.  Si bien rápido nos sentimos ofendidos y hasta agredidos por las agresiones que sufren algunos indocumentados mexicanos en la frontera norte, a casi nadie le preocupa las violaciones que se ejecutan en la frontera sur a los indocumentados hondureños, salvadoreños, a todos aquellos que de América del Sur intentan llegar al mismo destino que tantos mexicanos, al final, todos sin migrantes y han dejado a sus familias atrás, sus hogares o con la misma idea en la cabeza, llegar al otro lado sanos y salvos. 

En la Fila India, Ortuño revela una violenta narración al sur de este país, donde la masacre de un grupo de indocumentados es agredido, asesinado, violado y una serie de atrocidades que se van desarrollando a lo largo de esta novela que va rayando cercana a la novela negra. La Negra, Irma, quien llega a la ayuda de los centroamericanos sobrevivientes del ataque perpetuado por un grupo desconocido de malhechores. Irma es presa de la pesadilla. Nuevos ataques a los sobrevivientes dentro de los albergues de la CONAMI (Consejo Nacional de Migración), un padre irresponsable con su hija y ella misma, un nuevo romance en la recién llegada a Santa Rita. Es este mundo lleno de otras pequeñas historias que intentan salir triunfantes ante las olas violentas contra los centroamericanos. Un respiro en una taza de café, en un buen acostón. 

¿Se trata de las bandas locales? ¿Se los mismos funcionarios? Irma en cada pregunta, en cada nuevo día en la CONAMI irá teniendo una nueva maraña de dudas y preguntas donde parece no ver la salida, ni si quiera un lugar donde poder perderse, donde las soluciones aparentan ser sencillas pero siempre existe la incomodidad de los otros, de aquellos que se ríen descarados tras un escritorio, tras una metralleta, tras una red de corrupción tan clara como la desesperación que Ortuño lleva con su rítmica escritura, con fuerza adictiva entre cada punto junto al respiro pequeño después de cada comas o el paso de un nuevo capítulo. 

Esta novela se lee tan rápido como un convoy que arrasa con un pequeño local lleno de posibles inocentes, de futuras mafias, de una cantidad encerrada de barbaries que al final nos deja un vuelco en el estómago cargado de desolación. 
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