EL ÚLTIMO DE LOS PANERO, POETA CASI ESTRELLA DE ROCK MUERE EN CANRIA

Leopoldo María, el último de los Panero, poeta y casi estrella de rock, muere en Palmas de Gran Canaria
Por: Mónica Maristain - marzo 7 de 2014 - 0:00

El último de los Panero, muere en Palmas de Gran Canaria. Foto: EFE Ciudad de México, 7 de marzo (SinEmbargo).- “He tenido miedo de los fans de Leopoldo María Panero, el cual, por otra parte, me parece uno de los tres mejores poetas vivos de España. En Pamplona, durante un ciclo organizado por Jesús Ferrero, Panero cerraba el ciclo y a medida que se aproximaba el día de su lectura la ciudad o el barrio donde estaba nuestro hotel se fue llenando de freaks que parecían recién escapados de un manicomio, que, por otra parte, es el mejor público al que puede aspirar cualquier poeta. 

El problema es que algunos no sólo parecían locos sino también asesinos y Ferrero y yo temimos que alguien, en algún momento, se levantara y dijera: yo maté a Leopoldo María Panero y después le descerrajara cuatro balazos en la cabeza al poeta, y ya de paso, uno a Ferrero y el otro a mí”. 

Así respondía el escritor chileno Roberto Bolaño a la pregunta de si tenía miedo de sus fans. En Las Palmas de Gran Canaria, en la madrugada del seis de marzo de 2014 murió Leopoldo María Panero. Tenía 65 años y era el mejor poeta vivo de su generación. No lo mataron sus fans. Perteneciente al grupo de los llamados “novísimos”, fue uno de los referentes de la poesía transgresora a partir de 1970. Pasó parte de su vida en hospitales psiquiátricos, lo que no le impidió desarrollar una obra prolífica y de gran referencia. 

Nació en Madrid en 1948, hijo del poeta de la posguerra española y franquista Leopoldo Panero y de la escritora y actriz Felicidad Blanc. Su entorno familiar, ligado a la literatura, interesó en el ámbito cultural y el cineasta español Jaime Chávarri lo retrató en 1976 en su documental El desencanto. En el programa Negro sobre blanco, del escritor español Fernando Sánchez Dragó, se preguntaron, con él presente en el plató, si era “un caso clínico o un caso lírico”, un cuestionamiento que nunca pudo resolver y que flotó en el magma de su escritura autobiográfica con la fuerza de un enigma incandescente, fascinante. 

El cineasta Ricardo Franco (1949-1998), hijo del celebérrimo Jesús Franco, presentó en 1994 la película Después de tantos años, una película dedicada a Juan Luis (1942-2013), Leopoldo María y Michi Panero (1951-2004). “Los tres son unos quejicas, unos mentirosos y unos excelentes actores; los personajes que ellos han creado como defensa frente a los demás han acabado por devorarlos. Se interpretan a sí mismos y la única manera de que estuvieran más auténticos era que estuvieran solos ante la cámara”, dijo Franco al periódico El País. En 1999, el periodista y editor español J.Benito Fernández publicó en Tusquets El contorno del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo María Panero, un libro de 400 páginas que incluye cartas inéditas y sobre todo la correspondencia que Leopoldo mantuvo con el escritor Pere Gimferrer, al que consideraba su maestro. 

ASÍ SE FUNDÓ CARNABY STREET

 Leopoldo María Panero escribió también narrativa y ensayo, aunque su verbo es el poema encendido que se manifestó cuando apenas tenía tres años y medio y que explotó en la adolescencia con su ahora legendario libro Así se fundó Carnaby Street, publicado en 1970.

En un principio de año signado por la muerte de intelectuales y poetas, a una semana de que se fuera otra gran poeta de su generación, Ana María Moix (uno de los grandes amores de Leopoldo, según su biógrafo) y el mismo día que dijera adiós a esta dimensión el filósofo mexicano Luis Villoro, el hombre que decía “mi cerebro es una rosa”, falleció a causa “de un fallo multiorgánico”, según un comunicado del Hospital Rey Juan Carlos I de la capital grancanaria. “El ídolo generacional bebía coca cola, hablaba con serpientes y tenía cara de loco”, escribió Miguel Luna, en una muy completa nota publicada en el portal Terra. “Es curiosa la tremenda influencia de este poeta en las generaciones posteriores. Y no hablamos sólo de celebridades como Nacho Vegas o Enrique Bunbury, sino también en la nueva ola de escritores que ahora pueblan el panorama literario. Sin ser Leopoldo María Panero merecedor de grandes premios, ni de grandes reseñas, ni de enormes reconocimientos por su obra o trayectoria, parece que su voz ha estado latente en un plano más underground, adorado por pequeños grupos de personas que recitan sus poemas de memoria y conocen muy bien sus miedos, referencias y pasiones. 

El poeta que adoraba pertenecer a las sectas literarias (era miembro honorario, junto a Borges, de la de Marcel Schwob), acabó siendo el icono de la suya propia: un dios tangible y desaliñado, un clásico de la literatura, incluso si aún latía”, precisaba Luna. Leopoldo estudió Filosofía y Letras en su juventud, una carrera que abandonó en el segundo curso porque no creía en el conocimiento formal. Tampoco creía en la locura, aunque desde los 19 años vivió recluido en hospitales psiquiátricos. Publicó por primera vez, en 1968, el poemario Por el camino de Swant,  al que siguieron Así se fundó Carnaby Street (1970), Teoría (1973) y otras muchas de carácter autobiográfico, entre ellas una antología poética en 2003, con la que obtuvo el Premio Estaño de Literatura. Roberto Bolaño lo citaba con frecuencia. Enrique Bunbury le dedicó un disco doble, un libro y un documental. Él sólo amaba al poeta francés Stéphane Mallarmé.



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