DEMASIADO ORSON A LOS 23

Vale la pena perder algo, un libro o un bolígrafo, por el placer de encontrarlo, y más si ello ocurre mucho después. Orson Welles perdió dos veces, con un intervalo de tres décadas, su primera e inacabada película, Too much Johnson, cuyo hallazgo en un almacén de una localidad próxima a Venecia acaba de darse a conocer después de haberse dado por definitivamente perdida en un incendio producido en la casa del autor en Madrid, a fines de los años 70.
Too much Johnson (Demasiado Johnson) es una obra de teatro de William Gillette escrita en 1894 y que narra las peripecias de un mujeriego compulsivo que para huir del violento marido de su amante adopta la identidad de un tal Johnson, que resulta corresponder a la de un propietario de una plantación en Cuba que espera para casarse la llegada de una novia contactada por correo.
La idea de Welles era proyectar las tres partes del filme como prólogo a cada uno de los actos de la versión de esa obra que pensaba representar con su grupo, el Mercury Theatre. La película, con el formato de farsa cómica de las películas de Buster Keaton, no llegó a terminarse porque se acabó el dinero y además hubo problemas con los derechos de autor de la obra original.
Lo ahora encontrado tiene una duración de 40 minutos, con una parte ya montada y otra en bruto. La rodó en 1938, a sus 22 o 23 años, tres antes de Ciudadano Kane y por la misma época de la emisión de su demasiado verosímil versión radiofónica de La guerra de los mundos,de H. G. Wells, que le hizo famoso en todo su país. Conocido en los medios artísticos ya lo era, pues desde la adolescencia se le consideraba un genio precoz. Había razones para ello: en 1933, a sus 18 años, había estrenado en Broadway una puesta en escena deRomeo y Julieta, y en 1937, a los 22, una versión de Julio César en la que los personajes aparecen caracterizados como fascistas italianos. Precocidad que no deja de aumentar con el tiempo, como demuestra este hallazgo de un filme anterior a Ciudadano Kane.
Welles, perseguido por la leyenda de autor que no acababa sus proyectos, dejó inconclusa la película en la que trabajo durante más años, una versión del Quijote que, tras su muerte, montó y estrenó en 1992 su amigo Jess Franco siguiendo las indicaciones que le había dejado por escrito.
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