CHICAS KALÁSHNIKOV Y OTRAS CRONICAS . ENTREVISTA DE LARGO ALCANCE CON ALEJANDRO ALMAZÁN

Título: Chicas Kalashnikov y Otras Crónicas
Autor: Alejandro Almazán
Editorial: Océano
Año: 2013
Genero: Crónica/Policiaca/Narco
Colección: El dedo en la llaga


Al reverso del libro: 

“Cuando matas no tienes que ver al difunto, porque se te queda en los ojos y puedes volverte loca.” 
— Una chica kaláshnikov

“siempre tiro a la cabeza porque si no los mato, los dejo locos.”
— Un general


Los sicarios y los levantados; los verdugos y los asesinados; los sobrevivientes y los que no la libraron; las armas, las balas, los cadáveres, los gatilleros, los traficantes, los soplones, los vigías, los testigos, los inocentes, los corruptos, los periodistas, los alcaldes… a todos ellos da voz y rostro alejandro almazán en 14 crónicas que retratan la asfixiante realidad de un país donde la violencia es de todos y a todos nos condena.

Alejandro Almazán es periodista y escritor. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha colaborado en distintos medios escritos y electrónicos, entre ellos: Macrópolis, Reforma, Milenio, El Universal y Canal 40. Ha obtenido tres veces el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de crónica. En el terreno literario, ha escrito las novelas Entre perros y El más buscado. Como periodista, Alejandro Almazán es un pitbull, uno de raza pura, y sus crónicas, son ya una referencia del tipo de periodismo riguroso que se hace en México; y son, sin duda, evidencias de primera línea sobre los convulsos tiempos que se han vivido en el país desde hace más años de los que quisiéramos contar.


"Creo que a víctimas y victimarios deberíamos escucharlos por igual; a unos para exigir justicia, para no dejarlos en la fosa común de la desmemoria, y a los otros para saber qué ronda por su cabeza, y si es verdad que tienen alma." Señala Almazán en la introducción de Chicas Kaláshnikov y Otras Crónicas. Si bien nos encontramos ante una apariencia de "tranquilidad" el periodismo de investigación logra desmoronar la falsa estabilidad y toda de herramientas necesarias para desenmascarar las sombrías tretas de quienes ostentan el poder, en cualquiera de sus medidas. Todo aquel tirano que desde la tranquilidad de un tirano logra desaparecer las verdades a los portadoras de ellas. 

En este compendio de historias existe un dejo intranquilo dentro de la conciencia, una pregunta constante al paso de cada línea. ¿Es verdad lo que estoy leyendo? Lo dice la frase que se ha popularizado fuertemente en el país, "aquí no necesitamos ficción, es la vida misma todos los días" y cuando nos narran hechos reales es como si se tratara de un cuento, de una invención, hasta de una exageración.Varios quisieran se tratara de eso pero Alejandro Almazán a lo largo de catorce historias que ocurren al norte del país nos lleva a compartir la habitación con hombres de sangre fría, de mujeres sicario, asesinos, de secuestradores, policías, ministeriales, narcos, anti-narcos y de todos los que se encuentran detrás de un arma para ganase la vida por las injusticias propias del país y de aquellos que   sólo "dándoles duro a esos cabrones" se podrá rescatar al país.  Se templa tu sangre, se te entumen las manos porque no hay nada de extrañeza en los personajes a lo largo de la crónica de Almazán. No hay indicios de "locuras" aparentes, de rasgos "violentos", pero si una misma constante, la falta de oportunidades y los problemas socio-económicos de una nación que hace y dice cosas diferentes y que aparenta muchas otras cosas que jamás son. 

Es un esfuerzo por dotar a la sociedad con una de las herramientas más importantes en estos tiempos, la información. No es narrar amarillismo, ni se trata de espantar gente ni mucho menos de sencionalismo, la única cuestión que debe de prevalecer es narrar con veracidad, verdad y con mucho respeto para el entrevistado como para el que lee. Es decir las cosas que nos ocurren, que ocurren en otro lugar, que le ocurre a alguien más, no para intimidar ni para escondernos en nuestras casas, es para que nadie nos arrebate algo más de nuestra vida. Es para no regresar a las penumbras y esperar como por arte mágico lo mejor. Y como en muchas de las historias, siempre hay la otra versión. No se trata de buenos, malos, héroes o villanos, si no de personas.

¿Cómo llegas al periodismo? ¿Cuando descubres que es a lo que te quieres dedicar?
Papá trabajaba en Excélsior, era formador, lo que hoy sería un diseñador. Mi segundo patio fue Excélsior, así que supongo que de ahí vino algo. Pero de donde creo haber consolidado la idea fue de la boca de mamá. Ella tenía una tienda de abarrotes y la gente le contaba todo: sus desgracias, sus risas, sus esperanzas. Era como si mamá fuera la jefa de información y la tienda se convirtiera en una redacción. Mamá no era un mujer culta. De hecho, no recuerdo haberla visto agarrar un libro. Estudió una de esas carreras cortas para ser secretaria, pero se casó y todo lo que aprendió en la escuela se fue a la mierda. Tenía muchas virtudes (obvio, era mi madre y no soy de esos hijos de puta que hablan mal de sus madres). Era la cocinera más exacta, era la clásica mujer sola con tres hijos dispuesta a dejar la vida por sacarlos adelante, era buena bailadora y reía aún cuando estaba triste. Algo que siempre me sedujo fue su manera de contar historias. Recuerdo que, para contarnos el asesinato de uno de los malandrines que azotaban el barrio, ella utilizaba hasta una hora. Ignoro si inventaba algunos pasajes, pero lo platicaba con tal verosimilitud que nunca puse en duda sus relatos. A veces creo que ese don lo heredó de mi bisabuelo. Todavía me acuerdo cuando el viejo nos contaba su vida y los nietos y bisnietos nos sentábamos frente a sus pies. Él había pertenecido a La banda del carro gris, una pandilla que en los años 30 y 40’s robaron bancos, mataron gente y regalaron dinero a los pobres.

¿Cómo fue estar frente a una Chica Kaláshnikov?
Si estuvieras frente a una sicaria no lo notarías. Es igual a cualquier otra mujer. Yo creo que de esa percepción parte todo: si llegas o no con miedo, si la mitificas, si la ensalzas o si la tratas como cualquier hijo de vecino. A dos de las chicas que entrevisté, una colega les había regalado mi primera novela (Entre perros, 2009), así que cuando las conocí ellas ya sabían lo que estaba buscando: su vida, sin crucificarlas, sin aventarlas a los tiburones.
Algunos les dan dinero a sus entrevistados, otros los adulan, y hay quienes hasta les prometen cosas con tal de conseguir una buena conversación. Yo no. Generalmente llego a presentarme, decirles que yo no vengo a solucionar los asesinatos, que no soy juez ni MP ni sacerdote. Soy un reportero que quiero escucharlos. 

¿Cuales fueron los grandes retos de escribir estas crónicas? 
Todos los días, como reportero, tienes retos. Cada historia tiene lo suyo. En cada una sabes a lo que vas y debes leer literatura al respecto, mirar datos, ir a la hemeroteca, googlear, pasar días en un reporteo previo. Cuando crees que te has empapado lo suficiente del tema viene la calle, donde no sabes si volverás. Aun cuando tengas a tus contactos (que generalmente son colegas o amigos de la región), nada te asegura que todo saldrá bien.

¿Cómo es compartir una habitación un momento con un sicario?
Compartir la habitación con un sicario es raro, porque estás hablando con un tipo que no dudaría en matarte. Recuerdo cuando entrevisté a un caníbal. Gumaro de Dios era un tabasqueño de 26 años que había matado a su pareja homosexual y, después de tres días, se lo comenzó a comer. La prensa fue a retratarlo como si fuera el anticristo. Yo no. Yo supuse que algo horrible le había pasado en la vida para haber hecho algo tan espantoso. Fui a Cancún, entré a la celda, él estaba en una actitud amenazante y a mí solo me quedó hablarle de sus padres. Eso le quitó lo bravucón. Lo entrevisté para un diario, luego para la televisión y, finalmente, para un libro que lleva su nombre. El miedo nunca se te va, pero éste es el que te alumbra, el que te dice qué hacer y no. Y eso me ha ayudado cuando he tenido enfrente a un sicario.


¿Cual ha sido la gran experiencia de narrar hechos violentos en el país, 
No es fácil ir a contar la violencia. Las historias te arruinan. Mi terapeuta dice que debería dedicarme a otra cosa, pero yo insisto en hablar de la muerte. Quizá porque cuando tenía seis años vi a mi primer muerto; quizá porque he estado rodeado de la violencia; quizá porque, como dice mi terapeuta, trato de reivindicar a mi bisabuelo; quizá porque busco la razón de que algunos de mis amigos estén muertos. Lo que sí sé es que narrar la violencia me ha hecho más consciente de que a este país sólo podremos salvarlo los ciudadanos. Me ha ayudado, también, a advertirles a familiares y amigos los riesgos de tal o cual ciudad. Y he entendido que los narcos y los políticos vienen del mismo vientre.

¿Se ha vuelto rutinario? 
Mis hábitos cambian dependiendo de la ciudad a la que vaya. No hago lo mismo si voy a Tijuana que a Durango. O si voy a Culiacán o Ciudad Juárez. Hay veces que me hospedo en dos hoteles distintos y no me quedo en ninguno. En otras, sin problema, paso mis días en medio de la zona caliente. Y en algunas más me dejo llevar por la intuición.

¿Cómo ha ido cambiando tu perspectiva como periodista? 
Mi perspectiva no ha cambiado en lo que quiero contar, sino en la manera de contarlo. Hasta 2006 me parecía que al lector había que detallarle la violencia para que entendiera lo grave que estaba el país. Hoy ya no puedes ser tan sangriento. La tele se encargó de meternos mucha sangre por los ojos y la gran mayoría de la gente ya no quiere eso. También ha cambiado mi perspectiva sobre algunos colegas, sobre todo eso que dan clases de ética y moral y son unos pinches corruptos de primera. Sigo creyendo que los reporteros locales son quienes están en la verdadera línea de fuego y es a los que debemos de leer y escuchar, y, por supuesto, ayudar.


¿Crees que los sicarios, los narcos, encontrarán una forma de "propagar el miedo" a través de la literatura, o se trate de un "tributo" como si se tratara de un narco corrido?
Los narcos no necesitan la literatura para propagar el miedo. Ellos ya tienen suficiente con la manera tan salvaje con la que asesinan. Esa idea de que quienes escribimos sobre la violencia estamos haciendo apología me parece que viene más de 1) los comentócratas, esos que deben quedar bien con el gobierno en turno y 2) los que ven dañados sus intereses porque viven, de una u otra manera, del narco. A mí me gustan los corridos, pero como en todo, hay buenos y hay muy malos. Los Tigres son mis favoritos, también Chalino Sánchez y los Canelos de Durango. Los que nunca escucho son los del movimiento alterado. Me parecen basura.


Tomando una de las preguntas en el libro, Chicas Kaláshnikov: ¿No te da miedo meterte en esos temas?, ¿La prensa mexicana está cubriendo de manera correcta el narcotráfico?
El miedo siempre está ahí, no se va, convives con él. Él te amaina, te orienta, te acompaña como un buen amigo. Y si él te dice ahí no te metas, debes hacerle caso.
La cobertura de la prensa debemos dividirla:
1) Donde se hace periodismo en la cueva del lobo. Ahí, cuando te dicen que ya no cubren los asesinatos como antes, los entiendes. Los reporteros viven ahí y es igual de valiente sacar la bandera blanca que seguir contando lo que está pasando.
2) Donde los medios que, por intereses o falta de imaginación, sólo cuentan los muertos y no la vida de éstos.
3) Donde existen reporteros avezados que no se conforman con la explicación de que equis murió porque estaba metido en el narco. Son reporteros que hurgan más, que nos están enseñando que esta guerra no es contra el narco sino por las drogas.
4) Donde los reporteros están contando la versión oficial. Los que no van a la línea de fuego y hablan del narco como Sofía Coppola habla de cine. Estos reporteros, generalmente, tienen acceso a expedientes que sólo buscan joder a alguien en específico. Digamos que son reporteros sicarios.


¿Son las novelas, la recopilación de crónicas, cuentos etc, una buena alternativa para hablar sobre temas "censurados" en los periódicos"?
La literatura del narco ha abundado porque A) las editoriales se dieron cuenta que en los medios o no cabían las historias o no les interesaban y B) porque la violencia llegó a tales grados que los espacios para hablar de ella han resultado insuficientes.


¿Qué crees que cambiará en el lector al término del libro "Chicas Kaláshnikov y otras crónicas"?
Mi única intención, cuando tecleo, es que el lector sepa que la violencia no está tan lejana, que puede tocar su puerta en cualquier momento y que debemos hacer algo. ¿Cambiará algo en ellos? Yo esperaría que sí, pero la indolencia es de cada uno.


Cómo vez esta postura de que los Señores del Narco sean vistos como héroes? ¿es verdad o es miedo y una solución temporal al desgaste de la sociedad? ¿Crees que sea importante crear antihéroes para que combatan a  los héroes del narco?
Los narcos son seres humanos. Lloran, se enamoran, comen, duermen, tienen resacas, les entran las balas o se echan pedos. Es decir: no tendríamos por qué mitificarlos. El problema ha sido que el Estado no ha cumplido con sus obligaciones (no tiene una política social, educativa, económica, cultural) y los narcos, que les gusta ser filantrópicos, han encontrado la manera para que el pobre les agradezca. ¿Cómo? Construyen iglesias, escuelas, hospitales, pavimentan calles, llevan el agua, regalan juguetes el día de reyes, hacen bailes… Los narcos se convirtieron en la Secretaría de Desarrollo Social y, ante eso, sólo ha quedado que la gente los vea como héroes.
Respecto a los antihéroes, al menos los que he conocido, han resultado peores que los narcos. Así que, por el momento, no creo en el combate de la violencia con más violencia. No soy partidario del ojo por ojo.


¿Qué les espera a los nuevos periodistas que se están formando? ¿cómo pueden enfrentarse contra las barreras gruesas de censura y  no sólo hablar de temas "correctos" si no de los necesarios?
A los nuevos periodistas les tocaron tiempos difíciles. Y está en ellos lo que quieren contar. Mal haría en aconsejarlos porque no soy quién. Lo único que puedo decir es que quizá esta camada de reporteros sea la que rompa con la censura. Yo veo a morros con un chingo de ganas de hacer cosas interesantes. Quizá deberán fundar sus propios medios y mandar al carajo a los tradicionales.

Si a un lector llegara tu libro sin saber nada sobre el. ¿A qué se va a enfrentar, qué va a leer en el?
Va a encontrar a seres humanos que se dedican a matar o a darle la vuelta a la muerte. Seres humanos a los que quizá entienda, pero no justifique. Leerá historias que me gustaría fueran ficción, pero que lamentablemente son del México que se está llevando la chingada.
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