RESCATAN MEMORIA DEL BALLET TEATRO DEL ESPACIO


A un año de la muerte del fundador de la compañía, Michel Descombey, su esposa y compañera, Gladiola Orozco, propone un libro con la trayectoria del grupo

La viuda de Descombey desea que una vez que concluya con la clasificación, el material sea resguardado en alguna institución para su consulta. Archivo / EL UNIVERSAL
COREOGRAFÍAS. Alrededor de 120 obras realizó la compañía en cuatro décadas . (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )
Martes 22 de enero de 2013Alida Piñón | El Universal

La voz de Gladiola Orozco es fuerte, pero hay algo en su tono que devela delicadeza y una tristeza que le resulta imposible evadir. Sentada en la sala del hogar que compartió con su pareja de vida y de trabajo, a quien siempre nombra como maestro Descombey, confiesa que una parte del acervo del Ballet Teatro del Espacio (BTE), la compañía que fue una de las más importantes en la historia de la danza nacional, -de 1975, año en que nació, hasta 2009 cuando desapareció- terminó en el camión de la basura.
“¿A quién le importaba el vestuario, la escenografía o los telones, quién lo necesitaría? A nadie”, dice.
Lo que sí salvó Orozco fue el material que da cuenta del paso de la compañía desde el primer día que se presentó hasta el último, que incluye principalmente programas de mano, videos, fotografías, recortes de prensa y el material musical y sonoro que se utilizó para las obras.
Con todo ello, la coreógrafa que fundó y dirigió la compañía junto con el maestro Michel Descombey, quiere hacer algo que honre la memoria de su pareja y, sobre todo, la memoria del gran proyecto que crearon.
Principio y fin
En 2009 se anunció la desaparición del BTE debido a problemas financieros, pues a pesar de recibir un subsidio de 213 mil pesos mensuales, eran insuficientes para mantener a flote la compañía. Hubo negociaciones con las autoridades del INBA, quienes les proponían a los maestros reducir el número de bailarines; a Descombey le pareció un insulto y decidió cerrarla.
Poco después el maestro enfermó y de manera paralela a su recuperación trabajaba junto con Orozco en la memoria de lo que fue su máxima obra y en donde dejó lo mejor de su arte. Una labor lenta, pero cotidiana, declaró alguna vez la coreógrafa.
A un año la muerte de Descombey, ocurrida el 5 de diciembre de 2011, Orozco continúa en la creación de esa memoria. Hasta hoy lleva mil 700 páginas de un libro que contiene la información de cada una de las obras que montaron (alrededor de 120), volumen que estará acompañado de los programas de mano, de una selección de fotografías, prólogo y de una lista de cada uno de los coreógrafos que participaron.
“Ya tenemos todo digitalizado, pero mi interés es que publiquemos un libro. Para mí es muy importante porque se trata de un patrimonio cultural del país, además creo que será la primera vez que haya un trabajo así sobre una compañía desde su primer día hasta el último, en total 43 años de creación. Después de la muerte del maestro Descombey he vivido un duelo muy tremendo y mi manera de ir adelante es haciendo algo que reconozca lo que hicieron todos los que formaron parte de la compañía porque existieron, bailaron, brincaron y coreografiaron; ese será mi homenaje al arte y a todos ellos”, dice Orozco en entrevista con EL UNIVERSAL.
El archivo histórico está guardado, dos de las habitaciones de la casa Descombey Orozco fueron destinadas al resguardo del material.
En una, la que da al jardín y en donde solían pasar tiempo juntos, ahora hay cajas de cartón; en otra se acondicionó una pequeña oficina para trabajar en ello. La clasificación, dice, no ha sido fácil pues no se guardó con el orden que hubiera deseado y porque es una labor ardua y costosa.
“Nuestro arte, la danza, es efímero. Dura un instante y después se va. No hay más. ¿Dónde queda la memoria de lo que fue, de lo que hicimos, de lo que bailamos y creamos? No es como el arte de los escritores o de los pintores, pero ¿debemos olvidar todo lo que hicieron los que participaron en esta compañía, todo lo que lucharon por ella? Yo creo que no. Lo que tenemos es lo único que queda del Ballet Teatro del Espacio y quiero que quede registrado que hubo un tiempo en el que existimos, en el que hubo mucha gente que nos ayudó, como Maurice Dejean”, refiere.
De creadora a investigadora
Orozco reconoce sus limitaciones en este trabajo de memoria, no es investigadora, nunca lo fue, pero sus circunstancias, dice, la han orillado a convertirse en una.
Ahora que revisa minuciosamente se da cuenta de los yerros cometidos, pero inevitables.
“Fue mi curiosidad la que me hizo guardar celosamente todo lo que podía, pero no lo hice de manera profesional, sin embargo ahora sí puedo tratar de recopilarlo bien, pero no es fácil. Sé que soy yo la que lo tiene que hacer, tengo prisa por acabar… porque yo soy la única que puede llenar los puntos vacíos que me he ido encontrando, hay veces que me quedo pensando en cómo fue y por qué hicimos tal o cual cosa”, cuenta.
Orozco inició en 1950 la profesión de bailarina en el Ballet Nacional de México. En 196, fundó con otros bailarines el Ballet Independiente de México, después Ballet Teatro del Espacio. Su vida ha estado dedicada a la danza como maestra, coreógrafa e incluso como administradora.
Tras la desaparición del BTE y de la muerte de Descombey, dice, todo cambió, al grado de no querer salir a la calle.
“Afortunadamente no he perdido la voluntad y el interés de hacer este homenaje que estoy realizando con mis propios recursos y con los que el maestro dejó. Ya sé que se puede pedir una beca al Fonca o algo así, pero la verdad es que después de lo que pasó con el Ballet no tuve el ánimo de andar pidiendo recursos para un libro, yo toqué la puerta para que los bailarines comieran y para que siguiéramos adelante no para esta vida que me está tocando vivir, para este futuro que ya me alcanzó y que ni siquiera imaginé”, dice la ex bailarina.
Sin embargo, Gladiola Orozco advierte que una vez que termine sí pedirá apoyo institucional para la edición del libro por una sencilla razón:
“Fuimos independientes pero también fuimos subsidiados y sobre todo porque servimos a nuestro país en el desarrollo de una actividad cultural. Ya veré, por el momento me las arreglo sola”, comenta la artista.
Sobre el destino del gran archivo, cuenta, tiene un deseo, una vez que termine la clasificación, deberá estar resguardado en alguna institución para su consulta y, acaso, para que se hagan exposiciones, pero éste último, advierte, le parece más “un sueño de opio”.
Al día siguiente que Descombey murió se le rindió un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, funcionarios y amigos ofrecieron discursos. En los pasillos se decía que por la desaparición del BTE la salud del coreógrafo empeoró. Orozco optó por escribir unas palabras, leídas por una de las integrantes del BTE. “Al fallecer Michel, se apaga una vela y el mundo se vuelve más oscuro”, dijo.
Hoy, asegura Orozco, finalmente tiene ganas de hablar: “El maestro Descombey no sólo apoyaba con su talento, también frecuentemente con recursos económicos hasta que fue imposible. No pienso que hubo maldad (de las autoridades institucionales) y en ese momento dirigía Teresa Vicencio (el INBA), pero creo que en sus manos sí estuvo salvar la compañía, pero ¿hasta qué punto tuvo la conciencia de saber qué era lo que estaba acabando? A veces pienso por qué no hice más por defender esta obra, pero no hay pena que dure 100 años ni cuerpo que lo aguante. Esto es así, llegó un momento de agotamiento. ¿Quién se acordó del aniversario de la muerte del maestro? Yo tuve que mandar poner palabras en algunos periódicos”.
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