"MILLONES DE MEXICANOS DE CLASE MEDIA QUISIERAN SER GRINGOS DE SEGUNDA"


La Jornada
12 de febrero de 2012
Desde 1835 estamos colonizados por EU, aunque lo neguemos, afirma Eugenio Aguirre
Millones de mexicanos de clase media quisieran ser gringos de segunda
Arturo Jiménez
La pérdida de más de la mitad del territorio nacional durante la invasión de Estados Unidos a México en el siglo XIX pudo evitarse si se se hubiera frenado la traición, la deslealtad, el entreguismo y la corrupción, y además, si se hubieran invertido de manera adecuada los recursos políticos, diplomáticos y militares de la nación.
El escritor Eugenio Aguirre agrega en entrevista que para superar ese episodio traumático aún presente en la memoria colectiva, y evitar que se genere otro error de dimensiones similares, es necesario conocer qué nos sucedió y por qué nos sucedió.
Aún persiste en diversos sectores sociales y políticos, sobre todo de derecha, el deseo de ser gobernados desde el extranjero, advierte Aguirre mientras fija la mirada en un ejemplar de su nueva novela histórica: La gran traición. La guerra donde perdimos la mitad de México (Planeta), libro de casi 600 páginas que incluye una bibliografía de más de 30 títulos.
“Antes era Winfield Scott bombardeando Veracruz, ganando la batalla de Cerro Gordo, llegando hasta el Zócalo e izando ahí la bandera de las barras y las estrellas. Hoy son los gerentes de las trasnacionales y no hacemos nada, no hemos cambiado mayormente.
Uno de los vicios que más me duelen como mexicano es la falta de orgullo nacional entre mis compatriotas. Por ejemplo, millones de mexicanos de la clase media quisieran ser gringos de segunda. ¡Qué tristeza, qué lamentable! No conocen nuestra historia, nuestras culturas de origen, la trayectoria del país, la lengua española.
Autor de libros como Hidalgo, Isabel Moctezuma La cruz maya, comenta que en La gran traición no sólo aborda lo que sucedía en México, sino en el Congreso y otros espacios políticos y sociales de Estados Unidos, a fin de lograr una visión cabal.
El siglo de la esquizofrenia
–En la novela no titubea en tomar partido, se nota desde el título.
–Es que siempre hubo una vocación expansionista de Estados Unidos, plasmados en el Destino manifiesto.Comenzaron a adquirir territorios como Louisiana y Florida. Durante la guerra de intervención compraron a los ingleses Oregon. Intentaron incluso apoderarse de parte del territorio de lo que hoy es Canadá. Siempre su idea fue apoderarse no sólo de México, sino de todo el continente. Y hoy estamos bajo la férula de las decisiones económicas y políticas de ese país. Desde 1835 no hemos dejado de estar colonizados por los estadunidenses, aunque lo neguemos de muchas formas y tengamos propuestas de un país independiente, soberano, con una cultura esplendorosa y superior a la de ellos.
–¿Por qué en esa época, como lo dice en la novela, hubo tantos mexicanos traidores, entreguistas, cobardes y corruptos?
–El siglo XIX mexicano fue el de la esquizofrenia. Si se analizan los sucesos de ese periodo uno se queda pasmado porque no corresponden a una coherencia intelectual, emocional ni cultural de un pueblo soberano. Había muchos personajes que tenían intereses de partido e individuales, de hacer negocio vendiendo el territorio de la patria.
“El general Mariano Arista, por ejemplo, tenía negocios con los estadunidenses: le mandaban implementos agrícolas y caballos a su rancho. O sea, tenía un entendimiento corrupto con los texanos y los yanquis. Lorenzo de Zavala, que había sido gobernador del estado de México y tenía intereses en Texas, apoyó a los independentistas texanos. Fue el único mexicano que firmó esa declaración de independencia y luego lo nombraron su primer vicepresidente. En lugar de ayudar a liberar a Santa Anna, se hizo el muerto.
–¿Pero por qué esa descomposición ética de quienes debían asumir un liderazgo?
–No había una conciencia muy clara de país. Acabábamos de salir de la Independencia, habíamos entrado en una etapa de federalismo en la que se respetaron los estados de la República como libres y soberanos. Los texanos estaban muy de acuerdo con eso y lucharon contra los españoles por la independencia de México. Cuando Bustamante cambió al sistema político centralista –después del asesinato de Vicente Guerrero, en el que estuvieron involucrados Lucas Alamán, Gutiérrez Estrada y otros– y los estados se convirtieron en departamentos, los texanos dijeron: ‘ahí ya no le entramos’, pues iban a perder libertades y la posibilidad de actuar según sus intereses regionales. Esto se dio también en Yucatán.
No había cohesión ideológica que fortaleciera un esquema de nación definido. Había una indefinición del ejercicio de la soberanía, que se prologaría hasta la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. Entonces, esto propiciaba muchas deslealtades, traiciones, envidias y corruptelas entre los políticos mexicanos.
–¿Por qué ese entreguismo y falta de defensa de la soberanía se dio más entre los sectores poderosos y conservadores?
–Porque lo que hoy llamamos derecha deriva de las tendencias conservadoras temerosas de segregarse de la corona española. Durante 300 años de dominación colonial los blancos, por llamarlos de alguna forma, fueron quienes tuvieron acceso al poder, la riqueza y una vida de muy alta calidad. El resto de la población, lo que se llamaban las castas, los indígenas, estuvieron marginados, no se les educó y se les mantuvo en la ignorancia, bajo un esquema religioso opresivo que no tendía hacia una nacionalidad idónea, homogénea. Eso propició que la derecha se fuera segregando del resto de la sociedad, pero eso también se ve hoy día.
Aunque no todos los poderosos fueron reaccionarios, hubo grandes patriotas, pero estaban sometidos al mando de grandes corruptos, mediocres y apátridas, como Santa Anna. ¿Qué le pasaba a esa sociedad que un individuo como él fue asumido como presidente de México por 11 veces? Estaba enferma esa sociedad, no tenía coherencia mental clara, no les interesaba, les valía madres quién gobernara.
–¿Decía que ese sistema de deslealtades al país se reproduce en el presente?
–Hoy día vivimos en una guerra de baja intensidad, que ha dejado ya más de 50 mil muertos. Sin embargo, cuando se ve el comportamiento de los partidos políticos, ninguno es patriótico. Ninguno de los candidatos o partidos políticos ha dicho: ‘Vamos a salvar a la patria’. Pero todos somos culpables de lo que nos pasa. Aquí es la gran Fuenteovejuna.
–¿Se hubiera podido evitar el inicio del conflicto y, después, la batalla militar, la derrota y la pérdida de la mitad del territorio?
–Sí. Se habría evitado en términos políticos, si se hubiera retornado al sistema federalista. No habría sido tan grave, si se hubiera reconocido la independencia de Texas. La anexión de Texas a Estados Unidos no se había dado antes porque ese país tenía un conflicto interno muy grave: esclavismo contra abolicionismo. Si anexaban Texas se fortalecerían los estados esclavistas del sur. Mientras Texas fue de México el esclavismo era ilegal, porque aquí estaba prohibido. Varios generales del norte de Estados Unidos no estaban muy de acuerdo con la guerra de intervención a México, ni la prensa estadunidense ni europea.
–Los héroes y gente íntegra que hubo, la mayoría eran desconocidos, como el padre Celedonio Dómeco de Jarauta.
–El padre Jarauta representa a los movimientos guerrilleros que se opusieron a la invasión. Tan pronto un sector de los ejércitos mexicanos perdía una batalla y se desmembraba, se convertían en grupos guerrilleros, que causaban más daño a los ejércitos yanquis que las tropas regulares.
–Es interesante el personaje de Casimiro Espadas, el protagonista.
–Es un personaje de ficción que me sirvió para contar la historia en la vertiente principal y dar coherencia a toda la narración. Esta es una novela río, en la que hay una corriente principal y luego van saliendo otras vertientes. Casimiro simboliza al mexicano íntegro, cabal, honesto, valiente, como hay muchísimos, pero a quienes no se les da la oportunidad de demostrarlo. Otro personaje, su amigo Antonio Osorio, sí existió, participó en las batallas y era muy bueno con la bayoneta.
–Opuesto a Casimiro Espadas está el personaje literario e histórico de Antonio López de Santa Anna.
–Es el representante de lo más malo que hay. Era un tipo repulsivo, no tenía lealtades, no respetaba nada, y no lo hacía porque en México los sectores del poder y del gobierno privilegiaban y privilegian la mediocridad, el posicionamiento político.
Eugenio Aguirre retoma: “Los soldados mexicanos eran brillantes con la bayoneta y los yanquis les tenían pavor. No eran buenos tiradores, porque no tenían rifles. Sus armas eran de desecho, rudimentarias. En la batalla de Churubusco, una de las desesperaciones de Anaya, Gorostiza y otros generales, era que les habían dado balas que no cabían en las recámaras de los fusiles. Hubo muchos hechos de guerra en los que no servían los cañones, las balas.
El encargado de comprar los pertrechos del Ejército mexicano era Ricardo Dromundo, cuñado de Santa Anna. Y el señor hacía negocios y era corrupto. Por eso las batallas que estaban prácticamente ganadas se perdían, porque el general responsable se quedaba dormido o llevaba a su ejército sin armas ni calzado, en pleno invierno.
–¿Cómo si el propósito fuera perder?
–Eso es muy claro, por eso el título de la novela es La gran traición. El propósito era perder para lucrar con esa pérdida. Es una novela que me costó mucho dolor, pero es un periodo que la gente tiene que conocer. En la escuela se soslaya: ‘nada más me enteré de que Santa Anna había perdido la mitad de la patria’. Es algo muy complejo y profundo, es meter la mano en una llaga de la cual no queremos saber mucho.
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