ESTO ES... MÉXICO


*El brujo de Beatriz Paredes
*José Gil Olmos

*El reportero José Gil Olmos escribió el libro Los Brujos del Poder 2 que
desde hace unas semanas se encuentra en circulación. A continuación
presentamos el capítulo referente a la actual presidenta nacional del PRI,
Beatriz Paredes*.

Wenceslao Flores Xala, alias el Gato Negro, es un hombre al que no le gusta
hablar mucho; es discreto hasta para caminar, pues cuando se dirige a algún
lado de su pueblo apenas se escuchan sus pasos. Pero su mesura tiene un
límite: no le gusta ser engañado.

Moreno, bajo de estatura, vestido de paisano, a Wenceslao tampoco le gusta
hablar mucho cuando pasea por el zócalo de Santiago Tuxtla o cuando viaja
por algunas partes del país y del extranjero para hacer uno de sus trabajos
de brujería, invitado por sus clientes.

Aunque nació en Catemaco, decidió mudarse a este pueblo cuando conoció a
Bernarda, la hija del famoso brujo mayor José Xólotl, de quien se cuentan
múltiples historias, la más increíble de las cuales es que había aprendido a
volar.

A Wenceslao le llaman también el Duende Negro, nombre con el que se
identifica en su tarjeta de presentación como brujo, la cual es de color
azul y está llena con imágenes de un murciélago que vuela bajo una luna
llena y un chimpancé que muestra los dientes. En la pequeña cartulina de
publicidad asegura que tiene “el poder maravilloso de la magia” y que puede
hacer múltiples “trabajos” por imposibles que sean, como retirar
enfermedades difíciles de curar, hacer todo tipo de limpias, conjurar
maleficios y ejecutar otros “trabajos” más tradicionales como conseguir al
ser amado, lograr que éste regrese o que haya éxito en los negocios.

Su especialidad, sin embargo, es la magia negra. Para celebrar sus ritos
tiene un lugar secreto en las montañas de bosque tropical de la región de
los Tuxtlas donde —asegura—, si es necesario, sacrifica a algunos animales e
invoca al mal.

La mayor parte de sus conocimientos de magia negra los aprendió de su suegro
José Xólotl, quien murió hace unas décadas y cuyo nombre en la mitología
mexica y tolteca significa “señor de la estrella de la tarde y del
inframundo”, que remite a la deidad que ayudaba a los muertos en su viaje a
Mictlán. También es conocido como el dios del fuego y de la mala suerte y su
nombre en náhuatl significa perro.

Xólotl era reconocido en la región como uno de los mejores brujos mayores
por sus extraordinarios poderes para curar y también por realizar “trabajos”
difíciles, como eliminar a los enemigos. De él se conservan fotos con
personajes famosos de otra época como Raúl Velasco, un asiduo cliente de los
brujos de Catemaco.

De su suegro, el brujo mayor de Santiago Tuxtla, el Duende Negro o el Gato
Negro aprendió muchos de los artilugios, la mayoría de magia negra, a los
que le ha agregado sus propias experiencias, como el culto a la Santa
Muerte.

Su esposa Bernarda, hija de Xólotl, también practica la magia, pero sólo la
blanca, y realiza sus “trabajos” con yerbas, lociones, rezos y oraciones a
los santos y a las vírgenes. Es la otra parte de la magia negra que su padre
y su esposo Wenceslao eligieron y que en el caso de este último llega a
utilizar cuando se lo piden sus clientes que lo vienen a buscar hasta su
casa o que le piden que vaya a distintos lugares como la ciudad de México,
Playa del Carmen, Tijuana, Chetumal, Chiapas, Toluca y algunas ciudades de
otros países como los Estados Unidos, Guatemala y Belice.

Su fuerte es hacer cultos para gente poderosa, entre la cual se cuentan los
políticos de todos los partidos, así como a empresarios de diversos lugares
del país y aun del extranjero, algo que obviamente no anuncia en sus
tarjetas de presentación, pues la discreción es una parte importante de su
trabajo y, sobre todo, de su prestigio.

Sin embargo, esta fama y su trabajo de brujo ha traspasado las fronteras,
pues su prestigio ha pasando de voz en voz entre los que han quedado
satisfechos por sus “trabajos”. De esa manera conoció a la dirigente
nacional del pri, Beatriz Paredes, una de las aspirantes a la candidatura
presidencial para las elecciones de 2012.

El Duende Negro recuerda que hace aproximadamente siete años llegó hasta su
casa de Santiago Tuxtla una mujer que se presentó como Doña Eli. En esa
ocasión le dijo que quería un “trabajo” para una persona importante y le
reveló que se trataba de la ex gobernadora de Tlaxcala, Beatriz Paredes,
quien deseaba limpiar el camino de su carrera política porque había tenido
algunos problemas.

Las fechas coinciden con los tiempos de una mala racha en la trayectoria de
la priísta. Hacia 2002 perdió la contienda interna por la presidencia del
PRI frente a la dupla formada por Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo, en
un proceso que estuvo lleno de irregularidades, el cual fue calificado por
su compañera de partido, María de los Ángeles Moreno, como un fraude
realizado por “delincuentes electorales”.

La ex embajadora de México en Cuba en tiempos salinistas no veía su suerte
después del golpe que le dieron Madrazo y la maestra Gordillo, pues de
pronto vio cómo se frustraban sus planes para consolidar su proyecto
político. Por vía de mientras ocupó la presidencia de la Fundación Colosio,
que se ha convertido en un refugio para los priístas, pues nadie la toma en
cuenta a pesar de que institucionalmente es considerada como el sitio de
donde surgen los planes ideológicos del PRI.

Todo parece indicar que para salir de esa mala racha buscó la ayuda del
brujo de Santiago Tuxtla, quien le pidió a Doña Eli una foto de Beatriz
Paredes, su nombre completo, su fecha de nacimiento y su signo zodiacal. Se
trataba de iniciar un rito de magia negra, apotropaico, de una ceremonia
dedicada a la Santa Muerte, para lo cual requería previamente elaborar su
carta astral.

—Después de un día de trabajo le pedí a Doña Eli que le dijera a su amistad
que iba a triunfar, pero que necesitaba un “trabajo” directo que le iba a
costar 6 000 pesos cada sesión —cuenta el Duende Negro en un par de
entrevistas realizadas en el zócalo de Santiago Tuxtla, durante el Encuentro
Nacional de Brujos—.

Beatriz Paredes quería llegar hasta donde está ahora; no quería tener
rivales. Además, me dijo que deseaba ser candidata a la presidencia. Le dije
que podía tener las dos cosas y que para eso le iba a hacer un “trabajo”
difícil en seis sesiones. Pero todos los trabajos cuestan —dice al revelar
que por cada trabajo le pagó entre 6 000 y 7 000 pesos.

—¿No había desconfianza de la gente de Beatriz Paredes de que todo fuera un
engaño?

—No, porque mi trabajo está recomendado por gente importante. Yo nunca he
estafado a nadie; tampoco los he engañado. Yo hago mi trabajo seguro para
quien me lo pide.

— ¿Y qué quería Beatriz Paredes?

-- Quería tener más poder y una mejor posición que la que había tenido hasta
ese momento.

Entrevistado en la pequeña choza improvisada de paja y madera que a
principios de marzo de 2009 el municipio de Santiago Tuxtla mandó instalar
en el zócalo del pueblo como parte de las celebraciones del Encuentro de
Magia, Artesanías y Cultura de los Tuxtlas, el brujo asegura que la ex
coordinadora del PRI en la Cámara de Diputados fue a su casa para que le
hiciera el primer “trabajo”.

Aunque los brujos de Catemaco reconocen que Beatriz Paredes ya había estado
en la región dos años antes, para que le realizaran unas limpias que le
ayudaran a ahuyentar los malos espíritus, luego de que su partido perdió la
presidencia de la República en el año 2000 y se fracturara en múltiples
grupos, Wenceslao, sin embargo, afirma que en aquella ocasión llevó a la ex
gobernadora de Tlaxcala hasta el lugar sagrado que tiene en el bosque, donde
realizó el acto de magia negra e invocó “a los espíritus de los grandes
hombres” para que la ayudaran a alcanzar el poder que tanto deseaba la
priísta.

Y también le rezó el novenario a la Santa Muerte para que ésta apalancara
los planes políticos de la actual dirigente nacional del PRI.

—La llevé a mi templo y ahí realizamos el rito; sacrifiqué una gallina negra
y lancé los conjuros necesarios…

—¿En qué consistían esos conjuros? ¿Qué hizo?

—Bueno, fue una ceremonia que duró todo un día. Empecé diciendo: “Yo te
conjuro por lo que quieres ser…. Espíritus de los grandes seres, los invoco
para lograr que Beatriz Paredes llegue a lo que quiere ser”…

El brujo no proporciona muchos detalles de la ceremonia. Sólo afirma que
elevó muchas oraciones a la Santa Muerte pidiéndole que ayudase a la actual
dirigente del PRI y que por nueve días seguidos, ya solo, realizó nuevas
oraciones a la deidad esquelética, la misma a la que le rezan delincuentes y
narcotraficantes en varias zonas del país.

“Le oré a la Santa Muerte por nueve días seguidos para que Beatriz Paredes
tuviera poder, potestad y autoridad donde pisara, para que realizara todo lo
que deseaba y para hacer a un lado a todos sus enemigos.”

Wenceslao asevera que las otras cinco sesiones las llevó a cabo en la casa
de Doña Eli en la ciudad de México y que en todas estuvo presente Beatriz
Paredes. Por cada una de estas sesiones cobró 6 000 o 7 000 pesos, insiste.

—¿Logró Beatriz Paredes lo que quería?

—Mire dónde está y hacia dónde va —contesta con una leve sonrisa de
satisfacción—. Es un logro de lo que deseaba ser y lo ha conseguido en el
tiempo conveniente…

Pero este gesto no dura mucho tiempo. Su rostro se ensombrece cuando
recuerda que Doña Eli sacó provecho de la situación, pues mientras él cobró
6 000 o 7 000 pesos por cada sesión, la amiga de Beatriz Paredes le cobró
600 000 pesos.

Enigmático como es, lanza una sentencia: “No es justo eso, pues nuestros
‘trabajos’ cuestan. Se aprovecharon de mi trabajo, pero las malas acciones
siempre se pagan”.

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